El Decreto de plurilingüismo enfrenta a la comunidad educativa y a los padres

Fracaso escolar./ Mepiar
Fracaso escolar./ Mepiar

Lo peor que le puede suceder a una lengua como el catalán o el valenciano es que los políticos desnaturalicen su realidad social y cultural.

El Decreto de plurilingüismo enfrenta a la comunidad educativa y a los padres

El Decreto de plurilingüismo impulsado por el actual gobierno de la Comunidad Valenciana me deja claro una cosa: la identidad nacionalista está por encima de cualquier servicio público.

Si, detrás del Decreto de plurilingüismo impulsado por el actual Gobierno de la Comunidad Valenciana hubiese una preocupación sincera por mejorar la competencia lingüística de los estudiantes, habría que empezar por tener ratios de diez o doce alumnos por clase, que es la mejor manera de aprender cualquier idioma, entre ellos, el castellano, el valenciano y el inglés, donde muchos informes nos delatan como unos auténticos analfabetos en muchas evaluaciones internacionales.

Pero vayamos al tema. El Decreto impone la enseñanza del valenciano en múltiples materias y en todos los niveles, clasificando a los centros en diferentes estadios hasta llegar al Nivel Avanzado. Cágate, lorito.

Ya dejé por escrito en Mundiario hace más de un año que la virtud de Compromís había sido siempre su preocupación por los temas de bienestar social y su lucha contra la corrupción del PP, pero que, si desaprovechaba esta oportunidad por acceder a políticas nacionalistas, empezaría a haber un incremento de votos hacia la derecha.

Y es lo que pasará.

No se puede articular un modelo de enseñanza universal basado en una lengua impuesta y, sin respetar la Carta Europea de las lenguas regionales o minoritarias, concretamente, el artículo 7 donde se dice claramente que: "(...) la provisión de medios que permitan aprender una lengua regional o minoritaria a los no hablantes que residan en el área en que se emplea dicha lengua, si así lo desean".

Los niños deben aprender las materias básicas en su lengua materna, sea valenciano o castellano.

Hay problemas sangrantes en Educación que requieren una urgente intervención por parte del Conseller y este no era uno de ellos. Pero lo ha convertido en un problema y no pequeño, porque, detrás del Decreto, se persigue la consolidación de una identidad nacionalista dentro de la Comunidad Valenciana. No hay más.

No se puede articular un modelo educativo de estas características sin haber consultado apenas a la comunidad educativa y a los padres. No se puede clasificar a los colegios de un mismo distrito en niveles de aprendizaje según impartan sus clases en una lengua o en otra, pues conduce a la creación de guetos dentro de la misma ciudad, como si ya no tuviéramos bastante con la Concertada y la Privada.

No se puede potenciar un modelo de enseñanza donde el valenciano prima sobre el inglés y el castellano cuando los líderes nacionalistas llevan a sus hijos a colegios de paga para que estudien alemán y francés. Cojones, lo sabe todo el mundo.

No se puede articular un modelo de enseñanza en valenciano en zonas como La Vega Baja cuando la lengua vehicular es el castellano y los docentes nos las vemos putas para que los alumnos aprendan Lengua y Matemáticas en su lengua materna.

No se puede articular un modelo de enseñanza de estas características de una forma tan cutre, improvisada y obligando a una comunidad castellano parlante a una inmersión lingüista en una lengua minoritaria. Para eso no hago yo un viaje a Finlandia como ha hecho Puig y el Conseller. Me quedo en Benidorm.

Como lingüista, quisiera saber qué teorías científicas justifican el Decreto. Lo que más me jode de todo es que Marzà, en función de un ideario político, puede conducir al valenciano a un callejón sin salida. Pero yo no soy político, soy filólogo y me preocupa que suceda esto. Parafraseando a Savater, si quieres que una lengua desaparezca, solo tienes que prohibirla o imponerla.

Casi no hay exenciones de valenciano en zonas castellano parlantes y creo que se habían dado pasos importantes en la normalización lingüística del valenciano como asignatura dentro de colegios e institutos en La Vega Baja.

Sin embargo, no era suficiente, pues el fin último no es la mejora de la calidad de la enseñanza en lenguas ni un óptimo manejo de las competencias comunicativas. Ese decreto no vale para eso. La finalidad es ese intento de construir la Arcadia de los países catalanes donde la izquierda socializadora, universal y cosmopolita ha dado paso al particularismo y a la singularidad identitaria.

Ahora nos encontramos con una regresión que pone contra las cuerdas estos progresos de convivencia entre las dos lenguas que se habían conseguido dentro de los centros educativos, pese a la instrumentación a la que el PP y los nacionalistas habían sometido al valenciano.

Ahora nos encontramos con más de mil profesores interinos que no optarán a puestos de trabajo el próximo curso por no tener la capacitación en valenciano. Pero hay otros miles que sí la tienen y quieren trabajar desesperadamente. Y lo entiendo y votarán al Gobierno de Puig. El PP lo aprovechará y de nuevo el valenciano se convertirá en un arma arrojadiza estupenda para unos y para otros.

Sé que me van a llover tortas por todos lados, pero a mí me salva una cosa.

No me caso con nadie. No tengo carné de ningún partido, a diferencia de los profesores universitarios que avalan el Decreto, esos que no se meten en las aulas de Secundaria.

No digo más que mi mujer no me deja.

El Decreto de plurilingüismo enfrenta a la comunidad educativa y a los padres
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