Pierde Galicia

Segregar la Facultad de Medicina de Santiago, optando por el modelo de Euskadi, supone sumirla en la mediocridad y la irrelevancia y echar por tierra el magnífico trabajo de un grupo de investigadores que situaron a esta comunidad en la élite de la biomedicina.
Facultad de Medicina de la USC. /  Facebook
Fachada de la Facultad de Medicina de la USC. / Facebook

Tomo prestado el título de algunos profesionales sanitarios ante la evidencia de que la Xunta, para frenar el órdago del rector de la Universidade da Coruña exigiendo una Facultad de Medicina, optará por implantar en Galicia el modelo de Euskadi; es decir, una sola facultad en Santiago pero unidades docentes en Vigo y A Coruña, para impartir teórica y práctica en los cursos cuarto, quinto y sexto del grado de Medicina.

En la Euskal Heriko Unibertsitatea (EHU) existe una sola facultad que imparte los tres primeros cursos en Leioa-Bilbao. Los tres últimos se distribuyen por las unidades docentes en Basurto, Galdakano y Cruces (en la misma provincia), Donostia (con Facultad de Enfermería propia) y Vitoria-Gasteiz. Tiene un número similar de plazas anuales de nuevo ingreso que Santiago, sobre 400, pero la mitad han de estudiar en castellano y los otros doscientos se ven obligados a hacerlo en Euskera, básicamente en la UD de Donostia.

Un sistema que no satisface ni a los propios responsables de su implantación ante la dificultad para encontrar profesorado, especialmente euskaldún, en las unidades docentes, reclutar alumnado de otras comunidades y por los múltiples problemas que plantea esta disgregación entre los distintos hospitales del territorio. Buena prueba de los inconvenientes que genera la segregación es que Medicina de la USC siempre está por encima de Medicina de la EHU en todos los ránkings de excelencia o que Galicia supera a Euskadi en Institutos de Investigación Sanitaria acreditados (tanto en número como en calidad investigadora y generación de recursos privados) y en Centros, Servicios y Unidades de Referencia del Sistema Nacional de Salud. Son síntomas, no casualidades.

Esta segregación de facto de la Facultad de Medicina de Santiago representaría un grave problema máxime al deberse a una decisión política de los conselleiros de Sanidade y de Educación sin un estudio previo y riguroso de los profesionales y que parece ser adoptada sin respaldo siquiera de la comisión creada al efecto que lleva más de un mes desaparecida. La Xunta sigue a la espera de que los tres rectores (dos de ellos con sus mandatos casi caducados) salven la cara a un pacto impuesto desde San Caetano, que no les viene mal ni a la UVigo ni a la UDC pero que supone un golpe en la línea de flotación de la USC y del polo de biomedicina de excelencia que fue creciendo tras la puesta en marcha del Campus da Saúde.

Un ecosistema de referencia

En lo que llevamos de siglo, la Facultad de Medicina y el CHUS consolidaron un ecosistema gallego verdaderamente integrado de formación, asistencia sanitaria e investigación con centros de referencia, como el IDIS, convertido en el tercer polo de excelencia biomédica de España. Además, ahí están más de un centenar de punteras empresas biotech que no dejan de crecer impulsadas por este ecosistema. El esfuerzo de todos situó a Galicia en la elite de las ciencias de la salud y en condiciones de competir (y superar) a los grandes núcleos de Madrid o Cataluña.

Fragmentar la Facultad de Medicina es sumirla en la mediocridad e irrelevancia y con ello no ganarán ni Vigo ni su universidad, ni sacan provecho A Coruña y la suya. Volverá a sufrir Santiago y la cinco veces milenaria USC. Pero quien realmente pierde es Galicia, por lo que supondrá de frenazo en la investigación sanitaria. Es algo que conviene no olvidar si los intereses localistas o políticos pasan por encima del análisis sosegado de los expertos. Ese sentidiño al que también gusta referirse el presidente Alfonso Rueda... cuando se encuentra con patatas calientes en la mesa de su despacho. @mundiario

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