La nación posible: el realismo político de Manuel López Foxo reabre el debate sobre el futuro de Galicia
El libro de Manuel López Foxo, A construción da nación desde o realismo político, presentado recientemente en Ferrol con la participación de Xavier Campos, Mariña Bello e Ismael González, ha reabierto un debate que desborda lo literario. Y lo hace, además, a través de una idea —incluida en la obra y ampliamente citada durante el acto— que revela la voluntad explícita del autor: interpelar el presente político gallego a partir de la experiencia acumulada de casi un siglo de pensamiento nacionalista. Foxo no escribe desde la nostalgia ni desde la trinchera, sino desde un realismo político que pretende devolver al debate público una pregunta esencial: "qué Galicia queremos ser y con qué herramientas pensamos construirla."
“Este libro pretende convidar a reflexionar sobre o país, sobre o que fomos e o que podemos ser”, resumió el autor en una entrevista concedida al periódico Nós. La idea, repetida también por quienes acompañaron la presentación, sintetiza la ambición de una obra que compila sus artículos en la edición Galicia de MUNDIARIO y que combina el análisis histórico con una lectura crítica de la evolución del nacionalismo. Nacido en Ortigueira en 1960, poeta, ensayista y columnista, Foxo defiende que el realismo político formó parte de la mejor tradición galleguista: aquella que, en los años treinta, supo unir voluntades diversas para avanzar hacia un Estatuto de autonomía capaz de preservar la personalidad de Galicia como nación.
Su idea vertebra buena parte del libro, donde Foxo explica que el realismo político no es renuncia, sino adaptación inteligente. Recupera, como ejemplo elocuente, la experiencia del Partido Galeguista durante la Segunda República: líderes como Castelao y, especialmente, Alexandre Bóveda entendieron que la correlación de fuerzas exigía negociar sin perder de vista el horizonte de autogobierno. Esa lectura posibilista —pero firme en los objetivos—, sostiene Foxo, fue clave para dotar a Galicia de un marco político propio. Y no fue un ejercicio aislado. Enrique Rajoy Leloup, jurista conservador y abuelo del expresidente Mariano Rajoy, se convirtió en aliado fundamental de Bóveda en la elaboración del Estatuto de 1932. Su colaboración demuestra, según el autor, que la construcción nacional no es patrimonio exclusivo de una ideología, sino un proyecto común capaz de articularse desde miradas distintas.
Es una idea que Foxo subraya con insistencia: un país no se teje solo desde el nacionalismo, sino desde la pluralidad social que reconoce en Galicia un sujeto político capaz de decidir su futuro. La entrevista revela un matiz importante: para gobernar es necesario seducir mayorías amplias, y eso exige un discurso que conecte con quienes no se consideran nacionalistas, pero comparten la preocupación por el rumbo del país. El realismo político, en este sentido, es tanto una herramienta estratégica como una actitud ética.
El amor por el país y por su gente
Pero el libro no se conforma con mirar atrás. Foxo dedica un análisis especialmente crítico al papel del nacionalismo durante la Transición. A su juicio, la fragmentación interna, la disolución prematura del Consello de Forzas Políticas Galegas y la escasa influencia del exilio gallego debilitaron la capacidad de aquella generación para condicionar el diseño autonómico. Fue un tiempo de oportunidades perdidas que, según él, aún proyecta sombras sobre el presente. En contraste, reivindica la visión unitaria y pragmática de la etapa republicana, donde el galleguismo fue capaz de adaptarse sin diluir su proyecto.
Las reflexiones del autor se apoyan también en una dimensión afectiva que varios participantes en la presentación destacaron. Xavier Campos, autor del prólogo, subrayó que en estos textos late el amor por el país y por su gente. Ese tono emocional no resta rigor; más bien añade una capa humana a un ensayo que invita a pensar Galicia con argumentos, pero también con empatía. Foxo propone un nacionalismo que no se asfixie en la rigidez ideológica, sino que se abra al diálogo con quienes ven el país desde otros ángulos.
O nacionalismo galego é segunda forza política e unha alternativa de Goberno. Por isto, ten que adecuar o seu discurso e o seu xeito de traballar para lograr ese cambio político galego
El libro funciona, así, como una llamada a la responsabilidad compartida en un momento de polarización política y de cambios profundos. Galicia y España discuten hoy sobre modelos territoriales, identidades culturales y su lugar en una Europa en transformación. En ese contexto, la propuesta de Foxo —una combinación de memoria histórica, realismo político y vocación inclusiva— resulta especialmente pertinente. No se trata de replicar fórmulas del pasado, sino de recuperar lo mejor de una tradición que supo construir puentes incluso en tiempos difíciles.
"O nacionalismo galego é segunda forza política e unha alternativa de Goberno. Por isto, ten que adecuar o seu discurso e o seu xeito de traballar para lograr ese cambio político galego. Non porque sexa algo que precise o nacionalismo, senón porque o precisa o país”, afirma Manuel López Foxo en Nós. Su libro no ofrece, por tanto, un programa político, pero sí una brújula. Y en un país donde a menudo falta horizonte común, no es poca cosa. @mundiario


