Galicia no es solo rural y agraria: aquí hay una base industrial

La conversación entre Daniel Hermosilla y Antón Baamonde en el libro Galicia, distrito industrial no ofrece soluciones mágicas, pero sí una hoja de ruta plausible, realista y esperanzadora.
Ilustración del libro Galicia, distrito industrial junto a sus autores. / Mundiario
Ilustración del libro Galicia, distrito industrial junto a sus autores. / Mundiario

El libro Galicia, distrito industrial, publicado por Editorial Galaxia, es una conversación entre el filósofo Antón Baamonde y el empresario Daniel Hermosilla Hermida –director ejecutivo de Rodiñas– que pone el foco donde pocas veces miramos: en el presente industrial gallego como palanca de futuro. La tesis es clara y necesaria: Galicia no es solo rural y agraria, ni mucho menos una periferia pasiva. Hay aquí una base industrial capitalizada, tecnológicamente puntera, conectada con el mundo, que no se corresponde con los clichés dominantes ni con el relato que se repite una y otra vez desde la política y los medios.

Europa vive un momento de retorno de la política industrial, de redefinición estratégica frente a un contexto global marcado por tensiones geopolíticas, relocalización productiva y autonomía estratégica. Galicia no solo puede participar en ese giro: ya lo está haciendo. Solo falta que lo sepan todos los gallegos.

A lo largo del libro Galicia, distrito industrial, Hermosilla desgrana un tejido empresarial con alto valor añadido, formado por pymes con visión internacional, maquinaria de última tecnología y capacidad de atraer talento. Lo más interesante es su defensa del concepto de distrito industrial: un ecosistema denso, colaborativo, arraigado en el territorio, donde la innovación fluye entre empresas y sectores, como en el Piamonte italiano o la Baviera alemana. En Galicia, sostiene, las condiciones están dadas. Solo hace falta articularlas mejor. Y es cierto: Galicia lleva décadas desarrollando un modelo industrial propio, aunque no siempre visible.

Al abrigo de Inditex o Stellantis nacieron empresas auxiliares que ahora se emancipan y diversifican. Ocurre en el área de Vigo con la automoción y la aeronáutica; en A Coruña con el textil internacionalizado y la informática; en Lugo con industrias robotizadas; en Melide o Monforte con nuevas capacidades de transformación láctea.

Una economía abierta, exportadora

“Aquí hay una biodiversidad de industrias muy interesante”, dice Daniel Hermosilla. El reto ahora es convertir esa riqueza dispersa en un proyecto común, en un relato compartido. Porque hay más capital, más tecnología y más conocimiento del que pensamos. Pero no tiene escaparate. Como se apunta en el libro, la batalla política ocupa todo el espacio mediático y deja poco margen para visibilizar lo que también somos: una economía abierta, exportadora, con sectores punteros y capacidad de adaptación.

La lectura de Galicia, distrito industrial es optimista pero no ingenua. Galicia sigue teniendo graves problemas estructurales: riesgo de pobreza, bajo PIB per cápita, volatilidad en el índice de producción industrial. Pero es justamente por eso que hay que mirar hacia los puntos fuertes, construir autoestima colectiva y políticas a la altura. El pesimismo no paga nóminas, ni abre mercados.

El libro Galicia, distrito industrial es una invitación a ver lo que ya existe con otros ojos. Sin lamentos, con la idea de actuar desde una convicción clara: el futuro se construye sobre lo que ya está en marcha. Y Galicia, si se lo cree, puede ser algo más que un nodo secundario. Puede ser un distrito industrial europeo con nombre propio.

La conversación entre Baamonde y Hermosilla en Galicia, distrito industrial no ofrece soluciones mágicas, pero sí una hoja de ruta plausible, realista y esperanzadora. Un proyecto de país sin necesidad de inventarlo todo desde cero. Solo con mirar mejor, articular lo existente y apostar por lo propio con ambición y sin complejos. @mundiario

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