Arte sin derechos: la moda que roba a los creadores y el caso de Santa Minia en Brión
Desaprensivos de la industria textil han descubierto un filón en la apropiación de imágenes de artistas para estampar camisetas y sudaderas. Lo que se presenta como un homenaje al talento creativo es, en realidad, un abuso: la utilización de obras sin autorización ni compensación a sus autores.
Para muchos creadores, ver sus cuadros, esculturas o ilustraciones reproducidos en prendas baratas de producción masiva no es motivo de orgullo, sino de indignación. No solo pierden el control sobre su obra y su contexto, sino también sobre su sustento económico. Y lo más grave es que el problema no se limita al mercado informal: grandes cadenas internacionales han recurrido a este método, amparándose en vacíos legales o en la convicción de que el coste judicial será siempre menor que el beneficio.
Un ejemplo bien reciente se ha vivido en Brión (A Coruña), con motivo de la romería de Santa Minia, una de las celebraciones religiosas más concurridas de Galicia. Allí se comercializó una camiseta con la imagen de la santa sin respetar la autoría del creador del dibujo, el escultor e ilustrador FrAn LaREo, colaborador de MUNDIARIO.
La obra, publicada originalmente en 2015 en este medio, fue copiada y puesta a la venta en el entorno de la propia capilla sin consentimiento ni reconocimiento al artista, ni al periódico que difundió la pieza.
FrAn LaREo desarrolla su trabajo artístico en Brión desde 1999, con exposiciones en varios países europeos y una trayectoria reconocida en escultura y diseño gráfico. Es el autor de proyectos como el Peregrino de MUNDIARIO, las felicitaciones navideñas del diario y las esculturas del Premio Mundiario de Periodismo.
Sin embargo, ni siquiera una trayectoria consolidada lo libra de este expolio silencioso, que en este caso se suma al fervor popular en torno a Santa Minia, mártir romana venerada en Galicia desde que sus restos fueron trasladados en 1848 al municipio coruñés.
Arte sin respeto
La paradoja es evidente: mientras miles de fieles acuden a Brión para rendir homenaje a la fortaleza espiritual de una niña mártir, la creación artística que enriquece esa devoción se ve vulnerada. El problema no es local, sino global: la moda debería ser parte de la solución, reconociendo y retribuyendo a los creadores, no apropiándose de su trabajo.
Porque lo que hoy se vende en una camiseta no es un tributo al arte ni a la fe, sino un ejemplo más de un expolio banalizado. Y lo que se juega, más allá de un diseño concreto, es la dignidad de la cultura y de quienes la hacen posible. @mundiario

