Agresores sexuales desbancan a los narcos en las listas policiales de delincuentes más buscados
En las últimas listas policiales de delincuentes más buscados en esta comunidad se da la paradoja de que los violadores de menores están sustituyendo a los narcotraficantes en el dudoso honor de ser las personas más deleznables.
Dejó escrito Friedrich Wilhelm Nietzsche en Así habló Zaratustra que “en otro tiempo el delito contra Dios era el máximo delito, pero Dios ha muerto y con él han muerto también esos delincuentes”. Ese “Dios ha muerto” era la forma en la que el filósofo alemán anunciaba la pérdida de fe en la sociedad de un convulso siglo XIX. Nietzsche destacó por sus análisis sobre las actitudes morales de los seres humanos, aunque no se dedicara a investigar a fondo las conductas delictivas. Seguramente también ahí nos hubiera abierto los ojos.
La misma semana del 26-N en que Naciones Unidas insta a eliminar de una vez por todas todo tipo de violencia contra las mujeres, la Dirección General de la Policía publicó su última lista de los diez delincuentes españoles más buscados y peligrosos. Un listado que siempre despierta curiosidad y confiere un protagonismo involuntario, ahora actualizado con la ayuda de la inteligencia artificial para recrear el aspecto actual de los fugitivos. Valga como ejemplo la narcoabogada cambadesa Tania Varela, fiel exponente de esa fama no deseada: por obra y gracia de una petición ciudadana acabó convertida en la mujer más buscada de Europa.
Pero eso ya es historia. En la nueva relación conocida este lunes lo relevante no es que aparezcan tres ciudadanos gallegos, sino que vuelve a confirmarse una tendencia que ya apuntaba la lista anterior, publicada hace menos de un año: los delincuentes relacionados con abusos sexuales, ya sea a menores o a mujeres, están sustituyendo a los narcotraficantes, hasta hace poco los clientes habituales de este tipo de denuncias públicas. Dos de los tres individuos cuyas fotos se exhiben en medios y se colgarán en comisarías, aeropuertos y espacios públicos huyeron para no cumplir sus condenas por violación a menores.
Martiño Ramos Soto -ya detenido en La Habana- abusó de una niña que era alumna suya, a la que además sometía a prácticas sádicas. Daniel Vázquez Patiño violó reiteradamente a otra pequeña que aún no había cumplido los diez años. Dos auténticos depredadores. En la lista anterior figuraba otro individuo de la misma especie, Segundo Cousido Vieites, también profesor y religioso, condenado a 32 años de cárcel por abusos sexuales a varios menores en Vigo y Cambados. Aunque no aparece en esta última actualización, es evidente que sigue en el radar de los investigadores.
El tercero de los gallegos incluidos en la lista conocida este 23-N, el vilanovés Juan Miguel García Santos, está relacionado con varios alijos de cocaína que llegaron a las costas gallegas. Él también se dio a la fuga, igual que antes había hecho Baltasar Vilar Durán, Saro, a quien los responsables policiales parecen dar ya por amortizado.
Hablaba Nietzsche de la muerte de aquellos delincuentes que desaparecieron cuando, según él, Dios dejó de existir; pero, por desgracia, los seres humanos siguen reinventándose en una maldad que, en pleno siglo XXI, presenta agravantes que la hacen todavía más deleznable que los delitos morales del XIX. Anunciada la muerte de ese dios, concluía el filósofo, se acababa la actividad de ciertos seres despreciables. Pero existían otras variantes, como señaló el escritor británico Gilbert Keith Chesterton al buscar al diablo incluso entre los seres humanos: “¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por lo tanto, tengo dentro de mí todos los demonios”.
Quizá el padre Brown, aquel sacerdote-detective creado por Chesterton, podría ayudar a entender las muchas incógnitas de estos nuevos diablos y desvelar qué llevan en sus genes sujetos como Martiño Ramos, Daniel Vázquez o Segundo Cousido. Su forma tan inhumana de proceder les ha llevado a desbancar a los narcos del más que dudoso honor de ser los gallegos más buscados… y peligrosos. @mundiario

