“Tú que no puedes… llévame a cuestas”

Portada del libro Modernizar la educación de todos, de Manuel Menor. / Mundiediciones
Portada del libro Modernizar la educación de todos, de Manuel Menor. / Mundiediciones

Sin buena educación, seguiremos dando crédito a los que se encargan de que las palabras no pasen de tópicos, en vano e irresponsablemente.

“Tú que no puedes… llévame a cuestas”

El día 18 de mayo señala cada año la importancia de los Museos. Es gratis la entrada y recuerda el democratizador fin didáctico original con que nacieron; es buena ocasión para verlos como algo distinto de lo que el turista despistado suele buscar: un selfie ante las Meninas, la Monna Lisa o El Guernika, para enviárselo a los amigos diciendo: estuve aquí.

Cualquier día del año es sugerente, entre muchísimos otros espacios expositivos y patrimoniales, visitar el Gabinete de Calcografía de la Real Academia de Bellas Artes (Madrid). Nació bastante antes que el Museo del Prado y en él  puede verse una gran colección de los grabados de Goya. En estos trabajos de divulgación, su mirada hace un buen repaso de las actividades cotidianas, el papel social de las mujeres, los abusos del patriarcalismo, los problemas que traen las guerras y los desatinos que provoca la ignorancia y la persecución del conocimiento. Goya dibuja y pinta a caballo del siglo XVIII y XIX; en sus grabados no hay bandos ni banderías, sino arquetipos del ser humano que, en su límite moral, son capaces de lo mejor y lo peor para sobrevivir. Es un diálogo constante con la gente del pueblo y sus preocupaciones: en vísperas de su muerte en 1828, exiliado en Burdeos, , dejó una especie de autorretrato testamentario con este pie: “Todavía aprendo”, en que en medio de desengaños y dolor físico, reitera su optimismo moral de seguir abierto al aprendizaje.

Entre los grabados de este pinacoteca, el nº 42 de la serie de Los Caprichos, editado por primera vez en 1799, muestra a dos hombres todavía jóvenes cargando con sendos asnos a cuestas, con este título: “Tú que no puedes”, que simplifica un refrán de la época: ”Tú que no puedes, llévame a cuestas”. Las explicaciones con que se acompaña en otras colecciones son de esta cariz: ¿Quién no dirá que estos caballeros son caballerías?”, en la colección del Museo del Prado, o esta otra en la Biblioteca Nacional: “Los pobres y clases útiles a la sociedad son los que llevan a cuestas a los burros, o cargan con todo el peso de las contribuciones del Estado”

No es el único grabado de Goya en que este paciente animal vuelve a ser centro alegórico de comportamientos criticables en los humanos. La burramia y la asnología tenían cierta predilección en la pintura alegórica desde tiempo atrás, y no fue menor su presencia en las fábulas literarias. Para el presente, tiene no menor interés. Al contemplar a este Goya más didáctico, uno puede quedarse observando su calidad expresiva y su avanzada técnica, o puede situarse ante estas estampas como si hubieran sido elaboradas en este tiempo nuestro. Esta es su gran virtualidad; pocas visitas a museos pueden permitir ver con mejores ojos lo que está sucediendo.

Política para adultos

Más o menos así se titula un libro reciente de Mariano Rajoy, del que acaba de trascender su presentación en Zaragoza, incluida la lectura que hizo de una de sus páginas, en que venía a dar consejos a terceros acerca de los juicios morales de culpabilidad en situaciones en que debiera prevalecer la presunción de inocencia. El tono y las alusiones parecían una disculpa autorreferencial de su propia gestión al frente del PP y del Ejecutivo durante los años pasados, causante de la moción de censura que le hizo perder presencia política. La moraleja de la información no dejaba claro si era de adultos no enterarse de nada y dar todo por bueno, fuera lo que fuere, o si es de chiquillos tratar de enterarse de lo que realmente acontece, y propugnar que cada palo aguante su vela.

Esta duda crecía si el lector prestaba oído a las grabaciones de Villarejo, en que aparecían sus conversaciones con dos lideresas de su partido en los años de Rajoy. Cospedal da en ellas  un recital de los manejos que convendría hacer para liberar de responsabilidades a quienes figuraban anotados en los papeles de Bárcenas. Y Aguirre no se queda corta en lo que conviene hacer con el expediente de sus problemas de tráfico, tanto en el atestado policial como ante el juez, para que sus percances al volante, en la Gran Vía madrileña, no la perjudicaran ante la opinión pública ni las siguientes elecciones. 

Estos niveles de ética repiten lo que el Capricho nº 42 deja entrever acerca de los “señoritos” mandamases del tiempo de Goya. Sin embargo, en vísperas de elecciones en Andalucía, todo esto pierde valor y salta a primer plano el intríngulis conceptual entre nación, nacionalidad, autonomías, federalismo y nación única. El título VIII de la CE78, que tanto costó aceptar al conservadurismo españolista -y que tantas improvisaciones para salir del paso generó-, vuelve a la palestra del debate político coyuntural, en parte como arma contra otros partidos  y, en parte, para tratar de encontrar un punto diferencial frente a la ultraderecha. Entre unos y otros, incluida la supuestamente nueva gestualidad de Feijóo al frente del PP, harán que sigamos a oscuras en asunto tan principal, y en bastantes otros.

Oliñas veñen e van

Los problemas reales de los españoles suelen transcurrir entre discusiones nominalistas  al mismo ritmo de los bizantinismos antiguos, intentando que no se vea lo que hay que ver y ocultando el ángulo más correcto para mirar. Solo a veces, como en El traje nuevo del Emperador, de H. Ch. Andersen (1834), el palabreo con que revestimos lo que hay o no hay deja al aire lo que realmente acontece; en pleno 2022, vamos a tener la oportunidad de ver cómo, entre las oliñas que veñen e van, las regatas de Sanxenxo replican, una vez más, el  guión del escritor danés.

Cada ciudadano es libre de decidir sobre sus creencias particulares, pero la responsabilidad de usar adecuadamente las neuronas en una democracia, para entender qué pasa o no pasa, y que lo que pasa sea reconocible en lo que dicen que pasa, es suya en exclusiva; en eso consiste ejercer como adultos: casar todas las piezas y tratar de ver cómo son las cosas. Quedarse con las palabras tan solo y dar por bueno lo que nos diga alguien, sin  poner en duda su crédito para contrastarlo, es ser un menor de edad, dispuesto a que siga cumpliéndose el refrán dibujado por Goya: “Tú que no puedes, llévame a cuestas”. Castelao que imitó a Goya en su modo de mirar alrededor, también nos dejó, en sus Cousas, -y particularmente en Nós-, una metodología para educar la mirada. El dicho que tomó del poeta de Celanova, Curros Enríquez, mostrando preocupación: “Se iste é o mundo que eu fixen, que o demo me leve, sintetiza sus muchas advertencias sobre comportamientos tan poco ejemplares para el común de los ciudadanos. ¡Feliz día de los Museos! @mundiario

El libro Modernizar la educación de todos, de Mundiediciones, a la venta en Amazon. / Mundiario
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El autor de este artículo también lo es del libro Modernizar la educación de todos, ¿después de la covid-19, qué?, de la editorial Mundiediciones.

“Tú que no puedes… llévame a cuestas”
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