Wall Street y la diplomacia volátil de Trump, un alivio momentáneo

Mientras el presidente Trump ofrece gestos conciliadores, su equipo económico desinfla las expectativas. La volatilidad sigue siendo la norma y los inversores, aunque esperanzados, no bajan la guardia.
Trabajadores de la Bolsa de Wall Street. / RR. SS.
Trabajadores de la Bolsa de Wall Street. / RR SS.

El aparente viraje de la Administración Trump hacia un tono más conciliador respecto a China ha insuflado cierto optimismo en los mercados, pero el entusiasmo inicial se ha topado pronto con el muro de la realidad política estadounidense. Lo que parecía un alivio duradero se ha desdibujado al ritmo de las aclaraciones del secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien se ha encargado de recordar que la retirada de aranceles no está sobre la mesa como gesto unilateral por parte de Washington.

Este tipo de vaivenes comunicativos, marca registrada del presidente Trump, vuelve a situar a los inversores en un terreno inestable. En cuestión de horas, Wall Street ha pasado de euforia a contención. El índice S&P 500, que llegó a subir más de un 3%, redujo su avance al 1,7% al cierre europeo. El Nasdaq, impulsado por las tecnológicas, también recortó su escalada. Y en Europa, aunque el tono fue positivo, el Ibex 35 se desmarcó de la tendencia al alza más pronunciada del DAX o del Euro Stoxx 50, reflejando una vez más su vulnerabilidad frente al contexto internacional.

La reacción del mercado revela una tendencia cada vez más habitual: interpretar con cautela los gestos de Trump y su equipo. Aunque el presidente estadounidense haya decidido rebajar el tono en su pulso con la Reserva Federal y haya insinuado posibles concesiones comerciales hacia Pekín, la comunidad financiera ya no se deja llevar tan fácilmente por declaraciones vagas o contradictorias. No en vano, en los tres meses que lleva Trump en este nuevo mandato, los episodios de incertidumbre han sido constantes y el mercado ha aprendido a navegar entre mensajes contradictorios, giros bruscos y declaraciones sin concreción.

La intervención de Bessent ha sido clave para enfriar las expectativas. Aunque reconoció que las relaciones con China atraviesan un momento positivo, también dejó claro que no hay calendario cerrado y que un reequilibrio real podría tardar años. Este tipo de afirmaciones devuelven al inversor a una realidad que, por momentos, se había querido obviar: la guerra comercial dista mucho de estar resuelta y la volatilidad sigue formando parte del paisaje.

El dólar, barómetro sensible de la percepción de riesgo global, ha reflejado esta ambivalencia. Aunque comenzó la jornada fortalecido, su avance se fue diluyendo con el paso de las horas. La divisa estadounidense sigue bajo presión tras semanas de inestabilidad política y ataques directos desde la Casa Blanca contra la Reserva Federal, lo que ha minado parte de su credibilidad. La reciente subida del billete verde frente al euro y otras monedas refugio como el yen o el franco suizo ha sido contenida, una señal de que los operadores aún no compran del todo la idea de que la tormenta haya pasado.

En paralelo, la renta fija ha experimentado una tímida recuperación. La rentabilidad de los bonos del Tesoro a diez años ha bajado, reflejando una mayor demanda de estos activos considerados seguros. El oro, por su parte, ha perdido parte del terreno conquistado recientemente, aunque su revalorización anual sigue siendo notable, síntoma de una desconfianza que no se ha disipado.

En el mercado español, los valores más castigados por la tensión comercial han liderado las subidas: ArcelorMittal y el grupo IAG han repuntado con fuerza. Sin embargo, los sectores tradicionalmente defensivos, como el eléctrico, han cedido terreno. El comportamiento dispar de las compañías del Ibex refleja la dificultad de establecer una tendencia clara en un entorno tan cambiante.

Mientras tanto, las materias primas han permanecido prácticamente inalteradas, con un petróleo que mantiene su estabilidad en torno a los 67 dólares por barril para el Brent. En el ámbito empresarial, las cuentas de resultados siguen marcando la pauta. Tesla ha sorprendido con un alza bursátil, pese a presentar beneficios por debajo de lo esperado, gracias al anuncio de Elon Musk de que reducirá su implicación en temas gubernamentales. SAP, por su parte, ha registrado su mayor subida en seis años, mientras que Reckitt Benckiser decepciona con sus cifras de ventas.

Todo este panorama nos devuelve a una conclusión evidente: los mercados ya no reaccionan solo al ruido, sino a la credibilidad de las promesas. Trump puede emitir señales de distensión, pero mientras su entorno económico niegue pasos concretos o retrase medidas palpables, la confianza del inversor seguirá pendiendo de un hilo. El juego de espejos entre retórica y realidad continuará, y con él, la volatilidad en los mercados. @mundiario

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