Powell pisa el freno: la Reserva Federal opta por la cautela ante la incertidumbre arancelaria

Entre la volatilidad de los mercados, el efecto inflacionario de los aranceles y una agenda económica impredecible, Jerome Powell adopta una postura prudente y evita precipitarse con recortes de tipos.

Jerome Powell, presidente del Sistema de la Reserva Federal. / @federalreserve
Jerome Powell, presidente del Sistema de la Reserva Federal. / @federalreserve

En tiempos de alta incertidumbre, la mejor herramienta puede ser la paciencia. Eso parece pensar Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, que ha decidido no dejarse arrastrar por la ansiedad de los mercados ni por los vaivenes políticos de la Administración. En un contexto dominado por la confusión en la política comercial y el creciente riesgo de una desaceleración económica, el banco central estadounidense se aferra a una premisa elemental: no actuar hasta disponer de un horizonte más despejado.

Durante su intervención en el Club Económico de Chicago, Powell ha reiterado que los tipos de interés permanecerán sin cambios mientras no exista una visión más clara de las consecuencias económicas derivadas del giro proteccionista impulsado desde la Casa Blanca. “Estamos en una posición adecuada para esperar”, ha declarado, en lo que suena más a advertencia implícita que a simple neutralidad.

La Reserva Federal ha preferido mantenerse al margen de la turbulencia, consciente de que cualquier movimiento mal calibrado podría alimentar aún más las tensiones. Las palabras de Powell llegan justo cuando los mercados especulan con la posibilidad de una rebaja de tipos en los próximos meses, ante un entorno dominado por la fragilidad del crecimiento y la amenaza de una inflación reavivada por los aranceles. La economía de EE UU, que hasta hace poco parecía imbatible, empieza a mostrar señales de fatiga.}

Pero si algo ha dejado claro Powell es que el principal enemigo ahora no es una cifra concreta de inflación o paro, sino la opacidad de las decisiones políticas. La política comercial, marcada por el aumento de aranceles, está ejerciendo una presión inflacionaria que podría ser transitoria... o no. El problema es que nadie, ni siquiera la Reserva Federal, puede saberlo con certeza.

Esta indefinición complica enormemente la labor del banco central, cuya misión de mantener la estabilidad de precios y fomentar el empleo se ve entorpecida por una guerra comercial que distorsiona las reglas del juego. A pesar de su habitual discreción en lo político, Powell ha deslizado una crítica velada a la administración Trump: la economía se está alejando de los objetivos de la Fed no por un deterioro estructural, sino por decisiones de política económica erráticas y poco previsibles.

El impacto de los aranceles es particularmente insidioso. A corto plazo, encarecen las importaciones y empujan al alza los precios, justo cuando la inflación parecía estar bajo control. A medio y largo plazo, pueden lastrar el crecimiento y enfriar el mercado laboral. Así lo advierten también otras voces dentro del banco central, como la del consejero Christopher Waller, quien ha esbozado dos posibles escenarios futuros: uno, con aranceles altos y duraderos que provocarían una inflación puntual pero intensa, seguida de una contracción económica y más paro; otro, más moderado, con aranceles más bajos y efectos menos traumáticos, pero aún así significativos.

En ambos casos, el desenlace apunta hacia un debilitamiento de la actividad económica que, tarde o temprano, requeriría una respuesta de política monetaria más laxa. Sin embargo, Powell se resiste a moverse prematuramente. Para él, intervenir sin una visión clara del panorama podría ser tan peligroso como no intervenir en absoluto. De ahí su negativa a respaldar medidas de estabilización de los mercados: la volatilidad, argumenta, es una consecuencia lógica de la incertidumbre, y mientras los mecanismos sigan funcionando, no hay motivo para encender las alarmas.

Este enfoque refleja una visión más filosófica del papel de los bancos centrales en tiempos convulsos. Frente a la tentación de actuar como bomberos financieros, Powell apuesta por la serenidad institucional. En lugar de intentar controlar todos los frentes, el presidente de la Fed parece sugerir que, en determinadas coyunturas, lo más inteligente es observar, medir y esperar.

Eso no significa que la Reserva Federal esté paralizada, sino que está calibrando sus movimientos con extrema prudencia. La flexibilidad será clave en los próximos meses. Todo dependerá de la evolución de los datos, de las decisiones políticas que se adopten en Washington, y de cómo reaccionen los agentes económicos ante un entorno que puede virar con rapidez.

En última instancia, la Reserva Federal está enviando un mensaje nítido, aunque implícito: el desorden político tiene consecuencias económicas. Y hasta que esas consecuencias no sean evaluables con mayor precisión, cualquier intento de intervenir sería prematuro. Mientras tanto, Powell opta por pisar el freno. No por debilidad, sino por sentido de la responsabilidad. @mundiario

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