Advertencia de la Reserva Federal ante la política económica de Trump
En un discurso cuidadosamente medido, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, ha emitido su señal de alarma más clara hasta la fecha sobre los riesgos económicos de la política comercial impulsada por Donald Trump. En medio de las medidas proteccionistas de Trump, Powell ha advertido de que los nuevos aranceles no solo serán más altos de lo previsto, sino que también tendrán efectos “significativamente mayores” sobre la economía estadounidense: menor crecimiento y una inflación más persistente.
Aunque con el lenguaje prudente que caracteriza a los banqueros centrales, el mensaje de Powell deja poco margen para la interpretación: la estrategia arancelaria de Trump pone en jaque los dos mandatos clave de la Reserva Federal —pleno empleo y estabilidad de precios— y complica seriamente la difícil tarea de pilotar un “aterrizaje suave” de la economía. Es decir, frenar la inflación sin provocar una recesión ni una destrucción masiva de empleo.
Desde que Trump anunció aranceles generalizados del 10%, con tasas aún más elevadas para los países con los que Estados Unidos mantiene un déficit comercial abultado, el escepticismo entre los economistas ha ido en aumento. Powell, que hasta ahora había evitado posicionarse, ha decidido finalmente intervenir. Y lo ha hecho dejando claro que el escenario que manejaba la Fed ha empeorado.
“Aunque la incertidumbre sigue siendo elevada, ahora está quedando claro que los aumentos de los aranceles serán significativamente mayores de lo esperado. Lo mismo puede decirse de los efectos económicos”, afirmó Powell, en lo que supone una advertencia sin precedentes sobre la orientación económica del trumpismo.
Posición de vigilancia
Powell también reconoció que la Reserva Federal se encuentra en una posición de vigilancia, sin señales claras de hacia dónde moverse en materia de tipos de interés. No obstante, dejó entrever que los efectos inflacionarios podrían dejar de ser transitorios si se prolonga la escalada proteccionista. En ese contexto, un posible recorte de tipos —como exige Trump desde su red social Truth— queda de momento descartado.
Y es aquí donde emerge otro problema: la interferencia política. En su intervención, Powell evitó responder directamente a las presiones del expresidente, pero sus palabras fueron un recordatorio implícito del carácter apolítico de la institución que lidera. Con elegancia, lo resumió con una broma sobre su corbata púrpura, color símbolo de neutralidad entre el rojo republicano y el azul demócrata: “Tratamos de mantenernos lo más alejados posible del proceso político”.
Pero Trump no está solo agitando el árbol comercial. También busca condicionar la política monetaria, exigiendo una bajada de tipos de interés a golpe de tuit. El riesgo de que el banco central estadounidense se convierta en un instrumento de campaña electoral es real y preocupante. La independencia de la Fed, una de las piedras angulares de la estabilidad económica en EE UU, podría verse amenazada si las presiones políticas se intensifican.
Señales mixtas en los datos económicos
Lo paradójico es que esta tensión se produce en un momento en el que los datos económicos aún ofrecen señales mixtas. El mercado laboral sigue fuerte, como demuestra la creación de 228.000 empleos en marzo, por encima de lo previsto. Sin embargo, el crecimiento comienza a desacelerarse, y cada vez más analistas privados incorporan en sus previsiones la posibilidad de una recesión en los próximos trimestres.
En este contexto, el proteccionismo trumpista no solo no ayuda, sino que añade capas de incertidumbre. Los aranceles pueden ofrecer una ilusión de defensa de la industria nacional a corto plazo, pero encarecen las importaciones, reducen el poder adquisitivo de las familias y complican las cadenas de suministro. Su efecto neto tiende a ser negativo sobre la actividad y positivo sobre los precios, justo lo contrario de lo que la economía necesita ahora.
Powell lo sabe, y aunque se resista a adoptar un tono abiertamente político, su advertencia es un acto de responsabilidad institucional. En un año electoral en el que las decisiones económicas se mezclarán inevitablemente con los intereses partidistas, alguien tiene que recordar que la estabilidad macroeconómica no se construye con consignas de campaña, sino con rigor, previsibilidad y respeto a las instituciones.
La próxima reunión de la Reserva Federal, los días 6 y 7 de mayo, será un nuevo test sobre hasta qué punto puede la política monetaria mantenerse al margen de la política partidista. Por ahora, el mensaje de Powell es claro: prudencia, independencia y una firme defensa de los fundamentos económicos frente a los impulsos populistas. La pregunta es si podrá sostener esa posición con el trumpismo instalado en la Casa Blanca. @mundiario



