Taiwán cede ante Trump: aranceles reducidos a cambio de trasladar la industria de semiconductores
La estrategia arancelaria de Donald Trump ha logrado uno de sus acuerdos más relevantes en Asia-Pacífico con Taiwán. Tras meses de negociaciones discretas, Estados Unidos y la isla han alcanzado un pacto comercial que rebaja los aranceles a las importaciones taiwanesas y, a cambio, impulsa un ambicioso plan de inversión y traslado de producción —especialmente de semiconductores— hacia territorio estadounidense.
El acuerdo refleja cómo la política comercial de presión se combina con objetivos industriales y geopolíticos de largo alcance.
El núcleo del pacto establece que los aranceles estadounidenses sobre productos procedentes de Taiwán se reducirán del 20% al 15%, alineando a la isla con países como Japón y Corea del Sur, que cerraron acuerdos similares el año pasado.
Esta rebaja no es general ni incondicional: está vinculada a compromisos concretos de inversión y a la ampliación de la presencia industrial taiwanesa en Estados Unidos, particularmente en sectores considerados estratégicos para la seguridad nacional.
El elemento central del acuerdo es la industria de los semiconductores. Taiwán se compromete a realizar al menos 250.000 millones de dólares en inversión directa en EE UU para expandir operaciones de chips avanzados, energía e inteligencia artificial. A ello se suman otros 250.000 millones en garantías de crédito destinadas a financiar nuevas inversiones en la cadena de suministro estadounidense de semiconductores, un mecanismo diseñado para facilitar el desembarco de empresas medianas y pequeñas junto a los grandes fabricantes.
Aunque el comunicado oficial no menciona explícitamente a Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), el acuerdo tiene implicaciones directas para el mayor productor mundial de chips avanzados.
Fuentes del propio Departamento de Comercio y declaraciones del secretario Howard Lutnick apuntan a una ampliación significativa de la huella industrial de TSMC en Estados Unidos, con la construcción de al menos cuatro nuevas plantas en Arizona, que se sumarían a las instalaciones ya anunciadas. El objetivo declarado es reforzar la capacidad productiva doméstica en un sector crítico para la economía y la defensa.
El pacto también introduce incentivos arancelarios específicos para las empresas que trasladen producción. Durante la fase de construcción de nuevas plantas en EE UU, las compañías podrán importar hasta 2,5 veces su capacidad actual sin pagar aranceles, con un umbral que se reducirá a 1,5 veces una vez completadas las instalaciones. Este esquema busca evitar cuellos de botella en el suministro mientras se desarrolla la nueva capacidad productiva.
Lutnick reveló durante una entrevista con CNBC, que las empresas de chips con sede en Taiwán que no fabriquen en Estados Unidos probablemente se enfrentarán a un arancel del 100 %. Afirmó que el objetivo del Gobierno es trasladar el 40 % de la cadena de suministro de semiconductores de Taiwán a Estados Unidos. "Esto es lo que les espera si no fabrican en América", agregó.
Más allá de los chips, el acuerdo limita al 15% los aranceles sectoriales sobre piezas de automóviles, madera y productos derivados procedentes de Taiwán. Los medicamentos genéricos fabricados en la isla quedarán exentos de gravámenes, y otros sectores estratégicos —como componentes aeronáuticos o recursos naturales no disponibles en EE UU— también recibirán trato preferencial. En conjunto, el marco apunta a un enfoque selectivo, más que a una liberalización comercial amplia.
Desde la perspectiva de Washington, el acuerdo se apoya en la investigación del Departamento de Comercio que concluyó que las importaciones de semiconductores pueden afectar a la seguridad nacional. En lugar de imponer aranceles generalizados, la Administración optó por negociar acuerdos bilaterales con los principales exportadores, utilizando la amenaza de gravámenes elevados como palanca.
Lutnick: "The objective is to bring 40% of Taiwan's entire supply chain and production, to domestically bring it in to America during President Trump's term. This is fire right now. This is it. We're gonna break ground. We're gonna be building here ... if they don't build in… pic.twitter.com/c4xt3XlMWV
— Aaron Rupar (@atrupar) January 15, 2026
Para Taiwán, el pacto tiene varias lecturas. Por un lado, elimina un factor de incertidumbre comercial y reduce un lastre potencial para una economía que atraviesa un fuerte auge gracias a las exportaciones tecnológicas.
La isla ha revisado al alza su previsión de crecimiento para 2025 hasta cerca del 7,3%, impulsada por la demanda global de aceleradores y servidores de inteligencia artificial. Por otro, el acuerdo refuerza el vínculo económico con su principal aliado estratégico en un contexto de creciente presión de China.
El calendario político añade otra capa de complejidad. Taipei buscaba cerrar el acuerdo antes de una eventual reunión entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping, prevista para los próximos meses. Al mismo tiempo, el anuncio llega a las puertas de una decisión clave del Tribunal Supremo estadounidense sobre la capacidad del presidente para imponer aranceles de forma unilateral, un fallo que podría condicionar futuras maniobras comerciales.
En síntesis, el pacto entre Estados Unidos y Taiwán ilustra cómo la estrategia arancelaria de Trump logró su cometido. Se trata de un instrumento para reconfigurar cadenas de suministro, atraer inversión industrial y reforzar sectores considerados críticos. @mundiario


