Tropiezo de Inditex en la bolsa: la desaceleración llama a la puerta del gigante textil

El discurso de fortaleza que acostumbra a proyectar la matriz de Zara se enfrenta a la realidad de unos resultados que el mercado no ha tardado en castigar.
Marta Ortega. / Mundiario
Marta Ortega. / Mundiario

Por primera vez en años, el discurso de fortaleza que acostumbra a proyectar Inditex se enfrenta a la realidad de unos resultados que el mercado no ha tardado en castigar. Tras presentar un crecimiento plano en ventas y beneficios durante el primer trimestre de su ejercicio fiscal —febrero a abril—, las acciones de la multinacional gallega se desplomaron cerca de un 5% nada más abrir la Bolsa, una caída que se atenuó a media mañana. El mensaje es claro: ni los inversores ni los analistas esperaban tan escasa vitalidad en las cuentas del que ha sido, durante décadas, un símbolo de éxito empresarial.

Los datos no engañan. Inditex cerró el trimestre con unos ingresos de 8.274 millones de euros, apenas un 1,5% más que el año pasado. En cuanto al beneficio neto, la mejora fue de solo un 0,8%, hasta los 1.305 millones. Es el peor arranque de ejercicio desde 2018, excluyendo el paréntesis de la pandemia. Y es que ni siquiera el músculo habitual de su modelo de negocio ha logrado contener un contexto adverso: el efecto divisa, el aumento de costes operativos y una primavera marcada por un clima poco favorable a las compras han contribuido a enfriar los resultados.

La alerta viene de atrás. Ya en marzo, la compañía había adelantado un tímido crecimiento del 4% en las primeras cinco semanas del ejercicio —sin efecto divisa—, lo que provocó una caída bursátil del 7,5%. El débil pulso de los consumidores estadounidenses, junto con la amenaza de nuevas tensiones comerciales, también ha restado empuje al principal motor de moda rápida del mundo.

Incluso ajustando por el calendario bisiesto y el tipo de cambio, el avance de las ventas apenas llegaría al 5,3%. Además, el aumento del inventario (+6%) y la reducción de la posición financiera neta en más de un 7% apuntan a una eficiencia de gestión que empieza a resentirse. Más llamativo aún: los costes operativos subieron un 2,3%, por encima de los ingresos, algo inusual en la cuenta de resultados de Inditex.

No todo es negativo

Pese a todo, la dirección sigue optando por un tono optimista. “Sólido desempeño operativo”, “buena recepción de las colecciones”, “grandes oportunidades de crecimiento”… Son algunos de los mensajes repetidos tanto en la comunicación oficial como en la llamada con analistas. Y no faltan razones para mantener la confianza en el modelo de la matriz de Zara: la empresa prevé cerrar el año con un margen bruto estable, mantiene su ambicioso plan de inversión —1.800 millones de euros en 2025— y acaba de anunciar una evolución positiva del 6% en ventas en lo que va del segundo trimestre.

Pero la pregunta ya no es si Inditex crecerá, sino a qué ritmo y con qué márgenes. El mercado ha empezado a medirla con el mismo rasero que a cualquier otra gran cotizada, y no con la indulgencia que a menudo se reserva a los campeones nacionales. Que el grupo celebre ahora el 50 aniversario de su primera tienda en A Coruña en medio de esta desaceleración no deja de ser una metáfora elocuente: tras medio siglo de expansión global, Inditex entra en una nueva etapa donde los retos pesan más que los símbolos.

El modelo sigue siendo sólido, pero también más vulnerable a los vaivenes globales: aranceles, tipos de cambio, costes crecientes y un consumidor más prudente. El gigante gallego ya no corre con la misma ligereza, y la Bolsa, siempre impaciente y exigente, ha dado un nuevo aviso al grupo que preside Marta Ortega y gestiona Óscar García Maceiras. @mundiario

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