Solo un 30% de las viviendas en España cuestan menos de 150.000 euros
El estudio publicado este lunes por el portal inmobiliario pisos.com ha puesto cifras a una sensación que muchos compradores venían arrastrando desde hace años: en España, encontrar una vivienda por menos de 150.000 euros ya no es la norma, sino casi un golpe de suerte estadístico. Apenas el 29,58% del parque inmobiliario en venta se mueve en ese umbral, lo que convierte lo asequible en una rareza dentro de un mercado que se polariza entre lo muy barato y lo extremadamente caro. En este contexto, el presupuesto, y no el barrio ni los metros cuadrados, se erige como el verdadero timón de cualquier búsqueda.
Este dato, aparentemente frío, es mucho más que un porcentaje. Es el reflejo de un país que se ha ido encareciendo en silencio mientras el salario medio se mantenía casi estático. Y es, también, la radiografía emocional de una generación que ha convertido la vivienda en una carrera de obstáculos donde cada vez son menos los que cruzan la meta. Quien camina por los portales inmobiliarios lo percibe: debajo de esos filtros que prometen “hogares para todos los perfiles”, España se parte por la mitad entre quienes pueden permitirse una casa y quienes deben resignarse a desplazarse, estirar su presupuesto o asumir una hipoteca que pesará durante décadas.
La oferta actual, de hecho, se concentra en los extremos. Tres de cada diez viviendas se sitúan por debajo de los 150.000 euros, mientras que casi la misma proporción se ubica entre los 250.000 y los 500.000 euros. Y aún más revelador: más de una quinta parte supera la barrera del medio millón. En definitiva, más de la mitad del mercado vive fuera de la franja considerada razonable para la mayoría de los bolsillos. Eso explica por qué la sensación de inaccesibilidad se ha instalado en la conversación pública y por qué el sueño de comprar casa se ha convertido en un lujo emocional antes que en una decisión patrimonial.
Las diferencias territoriales solo profundizan esa fractura. En Aragón, Extremadura o Castilla-La Mancha las viviendas asequibles siguen existiendo —más de la mitad del catálogo se sitúa en versiones asumibles para un hogar medio—, pero esas opciones contrastan de forma brutal con el panorama de Baleares, Madrid, Canarias o San Sebastián, donde encontrar un inmueble por debajo de los 150.000 euros es casi utópico. De hecho, el 67,33% de las viviendas en Baleares superan los 500.000 euros, una cifra que retrata un mercado que hace tiempo dejó de mirar a los residentes y ahora responde a un perfil globalizado que empuja los precios al alza.
Un país partido por su propio mapa inmobiliario
La polarización territorial está reconfigurando las decisiones vitales de miles de españoles. En Zamora, seis de cada diez viviendas en venta son asequibles. En San Sebastián, seis de cada diez superan el medio millón. No se trata solo de dos extremos, sino de dos realidades económicas y culturales que empiezan a condicionar la movilidad laboral, los flujos migratorios internos y hasta la forma de imaginar el futuro. ¿Tiene sentido que una pareja joven renuncie a su ciudad de origen para poder comprar? ¿O que un profesional cualificado vuelva al interior para escapar de precios prohibitivos? El mercado no solo vende casas; dirige vidas.
La vivienda como frontera emocional y económica
El debate ya no gira en torno a si los precios subirán o bajarán: gira en torno a quién se quedará dentro y quién fuera. La vivienda se ha convertido en una frontera emocional. Un marcador silencioso de desigualdad. Un espejo que devuelve a cada ciudadano su capacidad —o incapacidad— de pertenecer a la ciudad que ama. Y frente a este panorama, el dato del 30% adquiere una dimensión simbólica: es el recordatorio de que lo asequible se deshace y de que el mercado, lejos de equilibrarse, se articula cada vez más en torno a extremos que nada tienen que ver con la vida real de la mayoría. @mundiario


