La deducción por vivienda se dispara hasta los 2.200 millones tras años a la baja

La antigua deducción por vivienda habitual resurgió con fuerza en 2023, impulsada por la subida del euríbor, lo que obligó a Hacienda a asumir un coste fiscal inesperado.
Viviendas en España. / Idealista.
Viviendas en España. / Idealista.

La resurrección de un beneficio fiscal que parecía condenado a desaparecer ha puesto patas arriba las previsiones del Ministerio de Hacienda. La deducción por compra de vivienda habitual —suprimida en 2013 y en fase de extinción desde entonces— protagonizó en 2023 un giro tan abrupto como llamativo. Después de quince años de caídas ininterrumpidas, su coste para el Estado se disparó hasta los 2.268 millones de euros, un repunte del 23% que rompe con toda lógica previa y reabre el debate sobre un incentivo que se creía amortizado.

El fenómeno tiene una explicación tan simple como contundente: el Banco Central Europeo (BCE), al pisar el freno monetario para combatir la inflación, ha provocado un encarecimiento generalizado de las hipotecas variables y mixtas. Ese encarecimiento, traducido en cuotas más altas, ha reactivado de manera automática la base deducible para los contribuyentes que aún conservan el derecho a aplicar esta ventaja fiscal, reservado únicamente para quienes compraron su vivienda antes del 1 de enero de 2013. El resultado es una factura para Hacienda que nadie esperaba ver de nuevo en estos niveles.

El año 2022 marcó lo que parecía ser el suelo definitivo: 1.843 millones de euros. Un agujero recaudatorio considerable, pero en la senda lógica de un beneficio fiscal en declive, sometido al mero transcurrir del tiempo. Sin nuevos beneficiarios desde hace más de una década, y con hipotecas cada vez más amortizadas, todo parecía apuntar a una muerte lenta y silenciosa del incentivo. Hasta que el euríbor decidió desmentir las previsiones y cosió al alza las cuotas de millones de familias.

La serie histórica lo confirma. Desde el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, el coste para Hacienda no había hecho más que caer año tras año. Que esa tendencia se rompa ahora demuestra hasta qué punto la política monetaria puede desenterrar viejos fantasmas fiscales.

El retorno de una ventaja que ya se creía enterrada

En 2023, el euríbor escaló hasta rozar el 4%, lo que provocó un encarecimiento brusco de los préstamos a tipo variable. Para quienes aún siguen en el régimen transitorio, cada euro extra pagado en intereses y capital se traduce en una mayor base de deducción. Y, por extensión, en un mayor coste para las arcas públicas. José García Montalvo, catedrático de Economía en la Universidad Pompeu Fabra, explica a EL PAÍS que la cifra final —más de 2.200 millones— es similar a la de hace cinco años, cuando el euríbor estaba en negativo. La comparación ilustra bien la magnitud del salto.

Pese a que el volumen de beneficiarios cae año tras año y ya representa menos de la mitad de los siete millones que aprovechaban la deducción al final de la burbuja, el efecto de los tipos ha neutralizado esa disminución natural. Las amortizaciones anticipadas, incentivadas por el alza de las cuotas, también han influido, aunque con menor intensidad. La deducción está diseñada para extinguirse, pero el mercado hipotecario ha decidido otorgarle una prórroga inesperada.

El papel del TEAC y un futuro fiscal incierto

En paralelo, el Tribunal Económico-Administrativo Central (TEAC) ha flexibilizado en los últimos meses la interpretación de quién puede aplicar la deducción y en qué casos. Ha reconocido, por ejemplo, que un contribuyente puede recuperar el derecho, aunque no lo haya ejercido antes, siempre que no estuviera obligado a declarar por falta de ingresos. También ha aclarado que la cancelación de la hipoteca con el dinero obtenido por la venta del inmueble puede considerarse inversión deducible. Esto abre la puerta a reclamaciones que, en un contexto de tipos altos, podrían incrementar todavía más la factura fiscal.

Lo ocurrido con este beneficio fiscal no es solo una anomalía contable. Es un aviso. Un recordatorio de que las decisiones monetarias y la arquitectura tributaria no viven en compartimentos estancos. @mundiario

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