De socio a sancionador: el nuevo papel de Estados Unidos en la economía global

Estados Unidos rompe con la globalización que lideró y empuja al mundo hacia una era incierta marcada por el proteccionismo extremo.
Donald Trump, presidente de EE UU. / White House.
Donald Trump, presidente de EE UU. / White House

La economía mundial ha cruzado un umbral este 1 de agosto. Con la firma de una batería de aranceles a más de 200 países, el presidente Donald Trump ha dado forma definitiva a su cruzada contra el sistema de libre comercio que él mismo considera culpable de décadas de agravio contra Estados Unidos. Se cierra así un ciclo de apertura económica que Washington promovió desde los años 80 y se inaugura otro, radicalmente distinto: la era de los aranceles. Un viraje histórico que no solo redefine la política comercial estadounidense, sino que reconfigura todo el tablero geopolítico.

El nuevo proteccionismo de Trump no es un capricho aislado, ni un mero gesto de campaña. Es la coronación de una doctrina: la del repliegue estratégico de Estados Unidos sobre sí mismo, con la economía como arma de presión política. Los aranceles ya no son instrumentos de disuasión o de negociación. Son castigo. Son trazo de frontera. Son ideología. Lo que empezó como una amenaza contra China en 2018, luego reconducida bajo el primer mandato, ha estallado ahora en una ofensiva global sin precedentes. Según señala El País, de Ecuador a Suiza, de Sri Lanka a Canadá, nadie escapa al nuevo catecismo trumpista: si no juegas a mis reglas, pagas el precio.

El nuevo decreto firmado en la Casa Blanca supone aranceles unilaterales del 15% al 50% a decenas de países sin pactos vigentes con EE UU. También incluye una penalización del 40% a las importaciones con escala en terceros países, lo que busca, sin mencionarla, golpear a China incluso cuando exporta a través de otros. Es una ofensiva comercial de dimensiones históricas, comparable solo a los años más oscuros del aislacionismo estadounidense entre guerras, cuando el arancel medio rondaba el 20%. Hoy ha vuelto a superar el 18%, según la Universidad de Yale, y sigue al alza.

Pero no se trata solo de números. Esta nueva era comercial se erige sobre la incertidumbre: normas cambiantes, motivaciones opacas, aliados humillados. Canadá, socio fundacional del TMEC, se lleva un 35% por haber reconocido al Estado palestino. Brasil, un castigo récord del 50% por el juicio a Bolsonaro. La UE, tras ceder en la mesa, se queda con un 15% sin recibir nada a cambio. Y México, que logró una prórroga a última hora, vive con el aliento en la nuca. Todo depende de un solo hombre.

Nuevas alianzas ante un EE UU imprevisible

Lo que se está configurando no es solo un orden económico más caro, sino un mundo sin centro. Países tradicionalmente alineados con Washington empiezan a buscar alternativas ante un socio que se comporta como adversario. Europa tantea acuerdos con Asia. América Latina redobla sus vínculos con China. La desconfianza se convierte en política exterior. Si Trump logra que Estados Unidos “gane” con esta estrategia, será al precio de convertirse en un actor solitario y menos influyente.

En lo inmediato, la economía estadounidense aún resiste, pero ya hay señales de fatiga. La inflación repunta. El crecimiento se frena. Y los expertos empiezan a pronunciar una palabra que conjuga los peores miedos de economistas y gobiernos: estanflación. La historia muestra que los muros comerciales no fortalecen las economías a largo plazo, las aíslan. @mundiario

Comentarios