¿Por qué el BBVA insiste en su ofensiva sobre el Sabadell?
La decisión del BBVA de mantener, contra viento y marea, su opa hostil sobre el Banco Sabadell no es un gesto improvisado ni una simple maniobra de mercado. Carlos Torres, presidente de la entidad, ha dejado claro que la estrategia está diseñada para ir “hasta el final”, pese a que la operación se enfrenta a un entorno cada vez más hostil. La resistencia del Sabadell, la presión de los accionistas, la volatilidad bursátil y las condiciones impuestas por el Ejecutivo no han debilitado, de momento, el empeño del BBVA.
Desde que se anunciara la operación en abril de 2024, el proceso ha sido una partida de ajedrez financiero. El BBVA movió primero, convencido de que su oferta —un 30% superior a la cotización del Sabadell en la víspera de la filtración y un 50% más alta que su media semestral— sería suficientemente tentadora. Sin embargo, el mercado ha respondido elevando el valor del banco catalán, en ocasiones incluso por encima de la prima ofrecida. El Sabadell, lejos de rendirse, ha aprovechado esta coyuntura para reforzar su posición: la venta exprés de su filial británica TSB al Banco Santander y el reparto de 2.500 millones de euros en dividendos han sido un golpe maestro para fidelizar a sus accionistas.
La cuestión de fondo es que esta no es una mera disputa por precio. El BBVA persigue consolidarse como la segunda mayor entidad del país, buscando sinergias cercanas a los 1.000 millones de euros. Pero las condiciones impuestas por el Gobierno —gestión independiente de ambas entidades durante un mínimo de tres años, prorrogable a cinco, y prohibición de despidos y cierres de oficinas en ese periodo— reducen drásticamente el atractivo económico a corto plazo. En otras palabras: la rentabilidad de la operación queda diferida, mientras los riesgos financieros y reputacionales siguen presentes.
El Sabadell, por su parte, ha jugado la carta de la autonomía como garantía de valor. Josep Oliu y César González-Bueno han insistido en que la mejor estrategia es continuar en solitario, centrando el crecimiento en el mercado español y sin depender de fusiones que, según su visión, comprometerían la rentabilidad para los accionistas del propio BBVA. La narrativa es clara: la independencia es rentable y la opa, innecesaria.
Pero no hay que perder de vista que esta operación es también un síntoma del momento que vive el sector bancario. La concentración es la tendencia dominante en Europa, y España no es una excepción. Sin embargo, las fusiones no siempre son la panacea: integraciones complejas, culturas corporativas incompatibles y expectativas de rentabilidad que se diluyen con el tiempo son riesgos reales.
La batalla entre BBVA y Sabadell es, por tanto, más que una transacción. Es un choque de modelos, un pulso de poder y un experimento regulatorio. Cuando la CNMV apruebe el folleto, comenzará un periodo de aceptación que durará entre 30 y 70 días, con la posibilidad de que el BBVA mejore su oferta en los últimos compases. Será entonces cuando los accionistas del Sabadell decidan si se inclinan por la promesa de un gigante financiero o por la apuesta de mantenerse independientes.
Casi 16 meses después de iniciarse esta historia, el final sigue abierto. Si el BBVA gana, se abrirá una nueva etapa de concentración bancaria bajo restricciones inéditas. Si pierde, Torres sumará su segundo fracaso en cinco años frente al mismo rival. En cualquier caso, el resultado marcará un precedente sobre hasta dónde puede llegar la banca española en su carrera por concentrar poder y capital. @mundiario


