El petróleo, un poco más crudo

Extracción de petróleo. / Twitter
Extracción de petróleo. / Twitter

En las últimas previsiones de coyuntura realizadas por el Banco de España, se parte de la hipótesis de que el petróleo costaría por término medio en 2017 algo más de 49 dólares, un 15% más que en 2016.

El petróleo, un poco más crudo

En los primeros quince días de diciembre la cotización del petróleo se ha situado sostenidamente por encima de los 50 dólares por barril.  Un precio que a lo largo del año sólo se vio en muy contadas ocasiones. ¿Se abre la senda a un futuro encarecimiento del crudo o sigue sin vislumbrarse un cambio de tendencia en el tono bajista del mercado? 

En Europa el mercado petrolífero toma como referencia el denominado tipo Brent, llamado así por extraerse de explotaciones petrolíferas de igual nombre situadas en el Mar del Norte. El otro referente de amplia utilización es el petróleo WTI (West Texas Intermediate), vinculado al mercado norteamericano, igualmente por su procedencia. En ambos casos, el precio se mide en dólares y en barriles (medida que equivale a 159 litros). Aunque las cotizaciones de ambos referentes no son coincidentes, no presentan diferencias significativas y tienden a mostrar tendencias similares, al ser el petróleo una materia prima que se mueve en un mercado muy globalizado. 

Este carácter global descansa en el hecho de que los grandes productores (con Arabia Saudí a la cabeza) no coinciden en general con los grandes consumidores (Estados Unidos, China, la Unión Europea y Japón), promoviendo un relevante comercio internacional. Esta globalización, a su vez, favorece una evolución oscilante y difícilmente predecible de la cotización del crudo, ya que los factores de oferta y demanda que le afectan tienen múltiples orígenes.

El siglo XXI es un claro exponente de esta volatilidad. Centrándonos en el petróleo tipo Brent, el siglo actual se inauguró con una cotización de 24 dólares por barril, llegando a un mínimo de 17 dólares a finales de 2001. A partir de ahí se inició una escalada, con ciertos altibajos, hasta llegar al máximo registro secular hasta ahora (145 dólares, en julio de 2008). En otras palabras, se multiplicó casi por 9 en menos de 7 años.  Desde entonces hasta hoy, el crudo se movió, desde el punto de vista de la demanda, bajo las premisas de una crisis financiera internacional, iniciada en la parte final de 2008, y las incertezas que recurrentemente acompañan a la actual fase de recuperación. Desde el punto de vista de la oferta, bajo las expectativas de mayor producción en Estados Unidos (a través del sistema de fracking se ha convertido en el segundo productor mundial, por delante de Rusia), y los esfuerzos de los productores tradicionales  por mantener su cuota en los mercados internacionales, aun a costa de sacrificar precio presente en aras de lograr futuras subidas (con Arabia Saudí como principal mentor de esta estrategia).

En el marco de estas coordinadas, en el verano de 2014 el crudo inició una senda bajista que se prolongó hasta principios de 2016. A partir de abril ya no se vieron precios por debajo de los 40 dólares y en lo que llevamos de diciembre ya no se registran cotizaciones por debajo de los 50 dólares. Lo que ocurra con el precio del petróleo no es cuestión baladí para una economía como la española, fuertemente dependiente de las compras foráneas para su aprovisionamiento energético.

Un petróleo barato supone menor desequilibrio en nuestras cuentas con el resto del mundo. En 2013, con un petróleo cotizando a 110 dólares, las importaciones españolas de petróleo sumaron 45 mil millones, frente a los 29 mil millones de 2015, cuando la cotización apenas superaba los 50 dólares. Una holgura directa de 16 mil millones de euros en nuestra balanza comercial. Desde la perspectiva particular de los agentes económicos, un petróleo barato supone mayor renta disponible, bien para consumo (en el caso de los hogares) bien para la inversión (en el caso de las empresas), al reducirse el coste energético que tienen que asumir dichos agentes. Consumo e inversión cuyo dinamismo favorece una mayor expansión de la economía. Un auténtico “viento de cola” que ha contribuido, en compañía de otros factores, a que el PIB español pasara de caer un 1,7% en 2013 a crecer por encima del 3% anual en el actual bienio.

El impulso experimentado por el precio del petróleo en las últimas sesiones refleja la decisión tomada por los principales productores de recortar la producción, la primera de esta índole desde 2008. Previa a esta decisión, las proyecciones ya venían recogiendo precios más altos del crudo para 2017. Así, en las últimas previsiones de coyuntura realizadas por el Banco de España, se parte de la hipótesis de que el petróleo costaría por término medio en 2017 algo más de 49 dólares, un 15% más que en 2016. El nuevo escenario surgido tras la reunión de la OPEP aumenta la probabilidad de que estas expectativas se vean corregidas al alza. Por ahora, no parece que el impacto sobre el crecimiento proyectado para el próximo año se vea significativamente afectado, básicamente porque se ve compensado por el efecto arrastre del tono más expansivo del esperado por la economía en la parte final de este 2016. Menos evidente es dirimir cual será el peaje a pagar, en términos de crecimiento, por la dosis de incertidumbre que acaba de inyectarse en la vena de los mercados.

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