La paradoja de los aranceles: ¿una cura fiscal o una ilusión contable?

El Fondo Monetario Internacional respalda, con importantes reservas, la tesis de Donald Trump sobre el potencial de los aranceles para reducir el déficit fiscal estadounidense.
Fondo Monetario Internacional (FMI). / RR. SS.
Fondo Monetario Internacional (FMI). / RR SS.

En un contexto de elevada tensión geoeconómica y con la deuda pública mundial disparándose hacia el 100% del PIB, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha lanzado su último Monitor Fiscal con una aparente concesión al presidente Donald Trump: los ingresos generados por los aranceles podrían ayudar a reducir el abultado déficit fiscal de Estados Unidos. Según sus previsiones, este podría caer del 7,3% del PIB en 2024 al 6,5% en 2025. Pero que nadie se equivoque: lo que parece un respaldo es en realidad una advertencia disfrazada de hipótesis optimista.

El FMI camina sobre un fino alambre. Por un lado, reconoce que los ingresos arancelarios podrían tener un efecto contable inmediato en la reducción del déficit. Por otro, se apresura a matizar que estas proyecciones están plagadas de incertidumbre. ¿Los motivos? El volumen real de recaudación es tan volátil como las propias guerras comerciales: depende del nivel tarifario, de la evasión aduanera y de la elasticidad de las importaciones. Es decir, de variables imposibles de predecir con precisión.

Y ahí está la clave: aunque el FMI introduce los aranceles como variable de alivio fiscal, también reconoce que podrían lastrar la actividad económica, reducir otros ingresos fiscales clave, como el impuesto sobre la renta, y, en última instancia, neutralizar sus propios efectos beneficiosos. En otras palabras: se puede ganar en la aduana para perder en la caja general del Estado.

Trump, por su parte, ha puesto sobre la mesa una meta de recaudación de 600.000 millones de dólares. Pero el propio informe del Fondo evita respaldar ese número, que parece más un gesto de campaña que un objetivo técnico realista. ¿Puede una política comercial agresiva financiar el equilibrio presupuestario de la mayor economía del mundo? Es una propuesta tentadora, pero tan frágil como la volatilidad de los mercados.

Un crecimiento preocupante

A todo esto se suma un panorama fiscal global que no admite alegrías: el FMI prevé un crecimiento preocupante de la deuda pública en la mayoría de las grandes economías, incluidas China, Alemania y Francia. En contraste, España aparece como ejemplo de disciplina fiscal, manteniendo una senda descendente tanto en déficit como en deuda, un hecho que conviene valorar en tiempos de incertidumbre y gasto creciente, sobre todo en defensa.

El FMI también lanza un dardo claro a los países europeos: si van a gastar más en defensa, que lo financien con seriedad. Más impuestos, menos despilfarro o ambas cosas. No hay margen para improvisaciones.

En definitiva, el Fondo parece decirnos que no hay atajos. Que los aranceles no son la varita mágica que algunos líderes populistas quisieran vendernos. Son, en el mejor de los casos, una herramienta de doble filo que requiere precisión quirúrgica y mucha más transparencia de la que acostumbra la política comercial contemporánea. Apostar por ellos como salvavidas fiscal puede ser tan arriesgado como confiar en que la guerra engendre prosperidad.

Sí, el FMI prevé una reducción del déficit en Estados Unidos. Pero si esa previsión se cumple, no será gracias a los aranceles, sino a pesar de ellos. Y esa es la paradoja fiscal que conviene no olvidar. @mundiario

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