El nuevo refuerzo antiapagón que encarece la luz y hunde las renovables
La seguridad de suministro tiene un precio. Y España empieza a pagarlo. El refuerzo operativo impulsado por Red Eléctrica tras los episodios de inestabilidad registrados en septiembre ha reordenado el tablero energético: las grandes eléctricas salen ganando, las renovables retroceden y los consumidores asumen una factura más alta. Un movimiento que, bajo el discurso de la “seguridad energética”, vuelve a inclinar la balanza hacia los gigantes tradicionales del sector.
El miedo a un nuevo apagón, seis meses después del peor incidente sufrido por el sistema eléctrico europeo, ha puesto los nervios a flor de piel en la industria. En el corazón del debate, una prioridad indiscutible: evitar a toda costa que el sistema vuelva a “irse a cero”. Pero esa obsesión por blindar la red ha derivado en medidas que, aunque eficaces en el plano técnico, están provocando un seísmo económico y regulatorio.
De acuerdo con el diario El País, el nuevo protocolo de control de tensión y las modificaciones aprobadas por la CNMC han generado un auténtico terremoto en el sector fotovoltaico. Las plantas solares —símbolo de la transición verde— ven cómo sus ingresos se desploman y cómo los proyectos financiados con deuda y fondos internacionales entran en zona de turbulencias. Bancos e inversores, conscientes de la tormenta, ya refinancian, titulizan créditos y reducen exposición. La consigna es clara: salir a tiempo antes de que el valor de los activos se evapore.
Detrás de la narrativa técnica hay una realidad política y económica más incómoda: las grandes centrales térmicas e hidráulicas, las de toda la vida, son las que más se benefician de este escenario. Mientras las renovables pierden margen y confianza, las compañías que controlan la generación convencional acumulan beneficios extraordinarios. El sobrecoste del refuerzo operativo, que debía garantizar estabilidad, termina engrosando las cuentas de las eléctricas tradicionales. Y en paralelo, el discurso sobre la “extensión de vida” de las nucleares resucita con fuerza.
Un golpe directo a la competitividad de las renovables
Las medidas adoptadas suponen una contracción temporal de la producción renovable, especialmente solar, justo cuando España se presentaba como líder europeo en transición energética. Las horas perdidas de generación se traducen en menores ingresos, y eso desincentiva nuevas inversiones. Los fondos más oportunistas ya acechan: esperan la caída de los actores más débiles para comprar activos a precio de saldo.
La paradoja es evidente. El mismo sistema que debía garantizar el futuro energético sostenible está debilitando a quienes lo impulsan. Los parques solares y eólicos, diseñados para abaratar la electricidad y reducir la dependencia de combustibles fósiles, se enfrentan ahora a un marco que les resta competitividad.
La factura del miedo: luz más cara para todos
El consumidor también paga esta tensión. El coste de la operación reforzada, que compensa los desajustes del sistema, se traslada a los precios finales. La bajada del precio mayorista gracias a las renovables se neutraliza parcialmente por esos recargos técnicos. El resultado: una luz más cara en nombre de la seguridad.
Y mientras tanto, los comercializadores se quejan de una asfixia regulatoria. Muchos asumieron parte del coste inicial del refuerzo, pero la CNMC ya ha advertido de que la presión irá en aumento. La posibilidad de que algunos contratos puedan romperse si se confirman los nuevos requerimientos regulatorios añade más incertidumbre.
En los pasillos del sector se repite un lamento: si el real decreto-ley rechazado este verano hubiera prosperado, buena parte de estos problemas podrían haberse evitado. Aquel texto, que contaba con consenso técnico y empresarial, fue víctima de la aritmética política. Hoy, mientras el país busca reindustrializarse y atraer inversión, la “imagen España” se resiente. @mundiario



