“Nos estamos desconectando”: los audios que revelan el caos previo al apagón
El sistema eléctrico no colapsa de golpe. Se resquebraja poco a poco, con señales que se acumulan, advertencias que no terminan de traducirse en decisiones y una sensación creciente de que algo no encaja. La mañana del 28 de abril, minutos antes de que la Península Ibérica se quedara a oscuras a las 12:33, esa fragilidad quedó al descubierto en tiempo real: en llamadas cruzadas, en diagnósticos incompletos y, finalmente, en una frase que resume el desconcierto absoluto: “A tomar por culo, nos estamos desconectando”.
Lo que ha trascendido ahora, a través de la Comisión de Investigación del Senado, no es solo una cadena de incidencias técnicas. Es, sobre todo, el retrato de un sistema bajo presión, donde Red Eléctrica y las grandes compañías energéticas compartían información fragmentada mientras la estabilidad de la red se deterioraba sin control. Las grabaciones —ya destruidas tras su escucha— han sobrevivido en forma de transcripciones tomadas por senadores del Grupo Popular, y dibujan una cronología inquietante.
A las 9:54 de la mañana, la primera señal: una caída en la subestación de Cañaveral, en Cáceres. Red Eléctrica asegura no haber detectado incidencias en la red de transporte, pero apunta a un problema en instalaciones de una eléctrica. La conversación es breve, casi rutinaria. Nadie parece anticipar que ese será el inicio de una jornada crítica.
Dos horas después, a las 11:31, el tono cambia. Según señala EL PAÍS, desde una central de ciclo combinado en Huelva alertan de “muchas oscilaciones de tensión”. La respuesta desde Red Eléctrica introduce un elemento clave: la energía solar. “Está provocando que suba y baje la tensión”, admiten. No es un problema localizado, sino extendido “en toda Andalucía”. La red empieza a comportarse de forma errática.
“Está jodida la cosa”
A las 12:13, la situación escala. Desde la central nuclear de Trillo se reportan nuevas oscilaciones. La explicación se repite, pero se amplía: variaciones bruscas de la producción fotovoltaica, precios, intercambios internacionales y un sistema con “pocos grupos con inercia”. La frase que se cuela en la conversación —“está jodida la cosa”— ya no es técnica: es una confesión.
Apenas trece minutos después, a las 12:26, llega el aviso más serio. Desde Almaraz advierten que, si continúan las oscilaciones, la planta podría “disparar”, es decir, desconectarse automáticamente para protegerse. Red Eléctrica intenta transmitir calma: asegura que está ejecutando todas las medidas posibles. Pero la sensación es otra: la de un sistema al límite, reaccionando más que anticipándose.
Un sistema sin red de seguridad
Lo que revelan los audios es una vulnerabilidad estructural: la dificultad de gestionar un sistema eléctrico cada vez más dependiente de fuentes renovables intermitentes sin el respaldo suficiente de generación estable. La fotovoltaica, protagonista indirecta de todas las conversaciones, aparece como factor desestabilizador en un contexto donde faltan mecanismos de compensación rápidos.
La referencia a la “falta de inercia” no es menor. En términos eléctricos, implica que el sistema tiene menos capacidad para absorber perturbaciones. Las centrales tradicionales —nuclear, hidráulica o ciclos combinados— aportan esa estabilidad. Pero su menor presencia o disponibilidad en momentos críticos puede dejar a la red expuesta a fluctuaciones bruscas.
El minuto en que todo se apaga
A las 12:32, la conversación final tiene algo de irreal. Se habla de reactivar un ciclo combinado —Castejón II— con previsión para las 15:00. Es una solución que llega tarde. En mitad de esa coordinación, irrumpe el colapso. La exclamación desde el centro de control no es técnica ni medida: es visceral. “¡Hostia, hostia, hostia… nos estamos desconectando!”.
En ese instante, el sistema se va a cero. No hay margen de maniobra, no hay instrucciones claras. La respuesta desde la otra parte de la línea lo confirma: “Se nos ha ido todo también”. La red, diseñada para ser robusta, ha fallado de forma sincronizada.
Más allá del fallo técnico
El episodio no se limita a un problema de ingeniería. También expone fallos en la comunicación, en la toma de decisiones y en la gestión del riesgo. Las quejas de Metro de Madrid, recogidas ese mismo día, apuntan a incidencias previas y a una sensación de descontrol que no era nueva: “Nos dicen que no saben”.
Ese desconocimiento —o incapacidad de diagnóstico en tiempo real— es quizás el elemento más inquietante. Porque sugiere que, más allá de las causas concretas del apagón, el sistema carecía de una visión clara de lo que estaba ocurriendo mientras ocurría.
El apagón del 28 de abril deja una lección incómoda: la transición energética no es solo una cuestión de sustituir fuentes, sino de garantizar estabilidad. La integración masiva de renovables exige nuevas herramientas, más flexibilidad y una coordinación mucho más precisa entre operadores y empresas. @mundiario



