Más de 3 millones de empleos turísticos: un récord que llega antes de tiempo

Las actividades turísticas registraron entre abril y junio un nuevo récord de empleo con 3,24 millones de trabajadores.
Turistas frente a la Basílica la Sagrada Familia. / RR. SS.
Turistas frente a la Basílica la Sagrada Familia. / RR. SS.

España acaba de romper un techo que parecía reservado a los meses de julio y agosto: más de tres millones de personas trabajan ya en actividades vinculadas al turismo, según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA). La cifra —3.024.347 empleados entre abril y junio— no solo es la más alta de la serie histórica para un segundo trimestre, sino que también marca un cambio de paradigma en un sector tradicionalmente atado a los vaivenes estacionales. Lo que antes se alcanzaba en pleno verano, ahora se logra con la primavera aún fresca. Y esto plantea preguntas incómodas: ¿estamos ante la madurez del turismo español o ante una burbuja de empleo difícil de sostener?

La respuesta no es sencilla. Las proyecciones de la patronal Exceltur apuntan a que el turismo aportará este año un 13,2% del PIB, más de 220.000 millones de euros, y que España podría recibir a 100 millones de visitantes internacionales por primera vez en su historia. Un hito que confirma la fortaleza del sector y también su dependencia de un flujo constante de visitantes. Porque si la ocupación laboral alcanza cotas récord antes del verano, la otra cara es que cada vez más puestos están expuestos a vaivenes externos: desde las tensiones geopolíticas hasta el cambio climático.

La narrativa triunfalista de “otro récord batido” es cierta, pero parcial. Sí, las agencias de viajes han crecido un 8,7% en empleo y el transporte de pasajeros un 4,6%, reflejando un turismo que diversifica actividades. Sin embargo, según señala El País, la hostelería, pilar tradicional, ha visto caer un 1,3% el número de trabajadores. La desaparición de pequeños negocios y la reducción de autónomos en un 14,5% indican que el músculo del sector se está reconfigurando, y no siempre a favor de la estabilidad a largo plazo.

A este panorama se suma un fenómeno que los datos dejan entrever: la desestacionalización. Contrataciones adelantadas a febrero y campañas turísticas más largas buscan estabilizar ingresos y empleo, pero también podrían estar inflando las cifras previas al verano sin garantizar una ocupación homogénea el resto del año. El reto es que esta nueva dinámica no acabe generando picos artificiales que, en la práctica, oculten fragilidades estructurales.

Desestacionalización: ¿avance o espejismo?

El hecho de que los récords lleguen en primavera podría verse como una victoria contra la dependencia estacional. Sin embargo, si la hostelería pierde fuelle mientras crecen otros subsectores, tal vez estemos ante un cambio de perfil laboral más que una expansión neta sólida. La sostenibilidad del empleo turístico dependerá de que no se concentre solo en actividades altamente sensibles a crisis externas.

El turismo como termómetro económico

Con casi uno de cada cuatro trabajadores del sector siendo extranjeros, el turismo refleja mejor que ningún otro sector la diversidad y la capacidad de absorción laboral de España. Pero también actúa como termómetro de la economía global: cualquier enfriamiento de la demanda internacional impactará de inmediato en nuestras cifras. La actual bonanza no está blindada contra turbulencias.

El plan de construir 775 nuevos hoteles hasta 2028, con 51.995 habitaciones adicionales, plantea otro debate: ¿responde a una demanda sólida o a una fiebre inversora que podría saturar el mercado? La expansión física de la infraestructura turística implica también más presión sobre recursos, vivienda y entorno urbano, especialmente en ciudades ya tensionadas por la masificación.

Si España quiere consolidar este momento como una base sólida y no como un pico efímero, la clave será transformar récords coyunturales en empleos de calidad, formación continua y diversificación real de la oferta. @mundiario

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