LAS COSAS COMO SON

El turismo, motor de resiliencia económica: una oportunidad estratégica para España

Consolida su papel como pilar clave del crecimiento económico en España, no solo por su contribución al PIB y al empleo, sino también como catalizador de inversión, cohesión territorial y proyección internacional. Su sostenibilidad futura dependerá de una planificación estratégica e innovadora.
Cinco cruceros en A Coruña en el mismo día, el 22 de abril de 2025. / Mundiario
Cinco cruceros turísticos en A Coruña en el mismo día, el 22 de abril de 2025. / Mundiario

España ha superado por primera vez los 22 millones de trabajadores, con lo cual la tasa de paro cae y se sitúa en el 10,29%, la menor cifra desde 2008. De abril a junio se crearon medio millón de puestos de trabajo, muchos de ellos en el sector del turismo, clave para la economía española. Veamos qué pasa con el turismo en España.

En un mundo cada vez más volátil, donde las certezas económicas escasean, el turismo se ha revelado como una palanca de resiliencia, una vía de crecimiento real y un ancla de estabilidad para España. No se trata solo de cifras récord en ocupación hotelera o visitantes internacionales, sino de una transformación profunda del sector que lo posiciona como un activo estratégico nacional. Elisa Alén González, catedrática de Economía y especialista en turismo, lo resume con precisión en el Anuario 2025 del Foro Económico de Galicia: el turismo no es únicamente un pilar económico, es un agente estructural que moldea el modelo productivo, la marca país y la vertebración territorial.

Los datos avalan esta afirmación. En 2024, el turismo generó más de 207.000 millones de euros, equivalente al 13,4% del PIB español, y creó más de 2,5 millones de empleos directos, lo que supone más del 11% del total nacional. Más aún: el superávit de la cuenta corriente ligado al turismo compensó desequilibrios en otras rúbricas y alcanzó el 4,3% del PIB, confirmando su relevancia macroeconómica.

Pero lo más significativo no es el volumen, sino su solidez. España ha demostrado una capacidad admirable para adaptarse al nuevo paradigma turístico pospandemia: mayor gasto por turista, diversificación de mercados emisores, crecimiento del turismo de valor añadido y un renovado atractivo para la inversión extranjera. Con más de 16.000 millones de euros en inversión internacional vinculada al turismo, el país se proyecta como un destino estable, rentable y en plena evolución.

El fruto de reformas, innovación y visión estratégica

Este renacimiento turístico no se debe a la inercia ni al azar. Ha sido fruto de reformas, innovación y visión estratégica. Se ha apostado por experiencias auténticas, sostenibles y personalizadas, que responden a las nuevas demandas de un viajero más consciente y exigente. Como se desprende del análisis de la profesora Elisa Alén, la “economía de la experiencia” ya no es un eslogan académico, sino una realidad comercial tangible que aumenta el gasto medio, fideliza al visitante y potencia sectores anexos como la cultura, la gastronomía o el bienestar.

Asimismo, el turismo tiene un efecto multiplicador único: cada euro gastado por un turista activa una cadena económica que va del productor local al proveedor tecnológico. La interdependencia entre hostelería, transporte, comercio, cultura y servicios profesionales no solo genera riqueza, sino que la distribuye de forma transversal, llegando a territorios rurales o menos desarrollados. Por eso, el turismo no es solo un motor de crecimiento, sino también una herramienta de cohesión territorial.

En este sentido, el turismo también fortalece la balanza de pagos, mejora la imagen internacional del país y actúa como palanca de innovación. La aplicación de inteligencia artificial, gemelos digitales y plataformas de gestión predictiva ha permitido una personalización sin precedentes, con beneficios tanto para los viajeros como para los operadores. La tecnología se convierte en aliada de la rentabilidad y de la sostenibilidad.

Pero este panorama optimista no debe ocultar los desafíos que se ciernen sobre el sector, alerta la profesora Elisa Alén. La masificación en determinados destinos, el impacto ambiental, la estacionalidad laboral, la brecha digital entre grandes empresas y pymes, o la necesidad de una mayor resiliencia ante crisis inesperadas son obstáculos reales. Resolverlos exigirá coordinación entre administraciones, empresas y comunidades locales, así como políticas públicas ambiciosas, que combinen incentivos a la innovación con exigencias de sostenibilidad.

Turistas en la plaza del Obradoiro ante la Catedral de Santiago. / santiagoturismo
Turistas en la plaza del Obradoiro ante la Catedral de Santiago. / santiagoturismo

Cómo debe ser el futuro

El turismo del futuro deberá ser más verde, más justo y más inteligente. Requerirá inversiones en infraestructuras resilientes, formación de talento cualificado, estrategias de descentralización turística y una gobernanza basada en datos y participación social. La profesora Alén advierte de que solo con una planificación estratégica y una colaboración multisectorial será posible consolidar un modelo turístico sostenible a largo plazo.

No es solo una cuestión económica. Viajar, hoy, es también un reflejo del bienestar, de la apertura cultural y del respeto a los territorios. España, líder turístico mundial, tiene la responsabilidad –y la oportunidad– de redefinir el turismo como una fuerza transformadora. Ya no basta con contar turistas; hay que contar historias, generar vínculos, cuidar los destinos y promover valores.

En definitiva, el turismo no es un lujo coyuntural, es una necesidad estructural. Y como tal, debe ocupar un lugar central en cualquier estrategia de país que aspire a ser próspero, equitativo y sostenible. España ya ha demostrado que sabe liderar. Ahora le toca demostrar que también sabe transformar. @mundiario

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