Irán desafía la hegemonía del dólar con el petróleo: el yuan entra en escena en plena tensión energética

Teherán reabre el debate sobre el dominio del dólar en el comercio global al plantear ventas de crudo en yuanes, en un momento marcado por la escalada de precios del petróleo y la inestabilidad en Oriente Medio.
Industria petrolera. / Pixabay.
Industria petrolera. / Pixabay.

En medio de un contexto internacional tensionado por la volatilidad energética y el foco puesto en el estrecho de Ormuz, Irán ha vuelto a situar sobre la mesa una cuestión de gran calado geoeconómico: la posibilidad de vender parte de su petróleo en yuanes en lugar de dólares. Más que una simple decisión comercial, el movimiento apunta a una estrategia con implicaciones profundas para el equilibrio financiero global.

La iniciativa no surge de la nada. Desde hace años, Teherán busca fórmulas para sortear las sanciones impuestas por Estados Unidos, que limitan su acceso al sistema financiero internacional dominado por el dólar. En paralelo, China lleva más de una década impulsando el uso internacional de su moneda, especialmente en sectores clave como las materias primas. La convergencia de ambos intereses ha ido dando forma a un circuito alternativo que, aunque todavía discreto, ya está en funcionamiento.

De hecho, parte del crudo iraní que llega a China se paga desde hace tiempo en yuanes mediante mecanismos indirectos. Entre ellos figuran depósitos en bancos chinos, sistemas de compensación financiera o intercambios ligados a importaciones. A esto se suma la creación en 2018 de contratos de futuros de petróleo denominados en yuanes en Shanghái, un paso significativo hacia la construcción de un mercado energético parcialmente desvinculado del dólar.

Sin embargo, el alcance de este fenómeno sigue siendo limitado. El dólar mantiene una posición abrumadoramente dominante: participa en cerca del 90% de las transacciones globales de divisas y concentra más de la mitad de las reservas internacionales. El yuan, aunque en expansión, continúa siendo una moneda minoritaria en los flujos financieros internacionales.

El momento elegido por Irán no es casual. La escalada de tensiones en Oriente Medio ha disparado el precio del petróleo, generando un efecto dominó sobre las divisas y los mercados financieros. En este nuevo escenario, el dólar ha reforzado su posición, mostrando una mayor correlación con el comportamiento del crudo, especialmente desde que Estados Unidos se convirtió en exportador neto de energía.

Este vínculo más estrecho entre energía y moneda ha reactivado el debate sobre el llamado “petrodólar”, aunque su funcionamiento ya no es el de décadas pasadas. Tradicionalmente, los ingresos del petróleo se reciclaban casi automáticamente en activos denominados en dólares. Hoy, esos flujos están más diversificados y canalizados hacia fondos soberanos y otros instrumentos, lo que ha reducido el peso específico de ese mecanismo.

Pese a ello, la fortaleza estructural del dólar sigue intacta. Su uso se ha extendido mucho más allá del comercio energético, especialmente en el crédito internacional, donde continúa siendo la divisa predominante. No obstante, empiezan a aparecer grietas en su hegemonía absoluta. La creciente fragmentación geopolítica, la volatilidad política en Estados Unidos y la búsqueda de alternativas por parte de potencias emergentes están configurando un entorno más plural.

En este contexto, la apuesta de Irán por el yuan no supone, al menos por ahora, una amenaza directa al dominio del dólar, pero sí actúa como síntoma de un cambio más amplio. El sistema financiero internacional podría estar evolucionando hacia un modelo menos centrado en una única moneda, donde el dólar seguiría siendo clave, pero compartiendo protagonismo con otras divisas.

La cuestión ya no es si el dólar dejará de ser dominante, sino hasta qué punto podrá mantener su primacía en un mundo donde las reglas del juego empiezan a reescribirse. @mundiario

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