Inflación contenida y salarios al alza, pero con grietas en el mercado laboral

En 2025 la inflación se moderó hasta el 2,7%, pero el efecto real sobre bolsillos y pensiones fue desigual. Convenios colectivos, subidas selectivas y revalorizaciones explican por qué millones ganaron poder de compra mientras otros lo perdieron, pese a la aparente estabilidad económica.
Dinero en efectivo. / Jakub Zerdzicki en Pexels
Dinero en efectivo. / Jakub Zerdzicki en Pexels

Después de varios ejercicios marcados por subidas de precios muy intensas, 2025 ha traído una cierta calma inflacionaria. El IPC creció de media un 2,7%, una cifra que, en términos macroeconómicos, puede considerarse contenida. Sin embargo, cuando se cruza ese dato con la evolución real de salarios y pensiones, el panorama se vuelve más matizado. No todos han navegado igual este mar más tranquilo. Para algunos, el agua sigue entrando por la borda.

Los datos oficiales permiten dibujar una fotografía aproximada. En torno a 4,4 millones de asalariados del sector privado ganaron poder adquisitivo, mientras casi dos millones lo perdieron. Otros 3,7 millones se quedaron prácticamente como estaban. Es decir, la mayoría resistió o mejoró, pero una parte relevante continúa viendo cómo su sueldo no alcanza para cubrir el encarecimiento de la vida cotidiana. Esto importa porque el poder de compra no es una abstracción estadística, sino la capacidad real de llegar a fin de mes.

El papel clave de los convenios colectivos

Buena parte de esta evolución se explica por los convenios colectivos. Según el Ministerio de Trabajo, los salarios pactados crecieron de media un 3,53% en 2025, por encima de la inflación. Eso supone una ganancia cercana a ocho décimas de poder adquisitivo para quienes están cubiertos por estos acuerdos. El diálogo social ha funcionado como un amortiguador frente a la subida de precios, algo que conviene subrayar.

Ahora bien, esta estadística solo refleja la situación de unos 10 millones de trabajadores privados, dejando fuera a otros cinco millones, además de los autónomos. Ahí aparece una primera grieta. Los incrementos no se reparten de forma homogénea. Quienes tuvieron subidas superiores al 3% avanzaron con claridad, mientras que los que quedaron por debajo del 2,5% retrocedieron. En especial, los salarios con aumentos inferiores al 1,5% reflejan situaciones de fragilidad laboral que no se corrigen con una inflación moderada.

Pensiones protegidas y desafíos pendientes

En el ámbito de las pensiones, el balance es más estable. La revalorización ligada al IPC permitió que la mayoría de pensionistas mantuviera su poder adquisitivo. Más relevante aún es el refuerzo de las pensiones mínimas y no contributivas, que crecieron entre un 6% y un 9%. Esto ha supuesto una mejora real para unos 2,6 millones de personas especialmente vulnerables, corrigiendo desigualdades acumuladas durante años.

Este enfoque tiene un valor social evidente. Proteger a quienes menos tienen no solo es una cuestión de justicia, sino también de cohesión económica. Sin embargo, el reto sigue siendo el mismo. Mientras haya trabajadores que, aun con empleo, pierdan capacidad de compra, la recuperación será incompleta. La economía no se mide solo por medias, sino por cómo viven las personas que quedan por debajo de ellas.

El reto para los próximos años pasa por extender esta protección a quienes hoy quedan fuera del radar estadístico y reforzar salarios bajos sin alimentar nuevas espirales inflacionarias. Como un dique bien diseñado, el objetivo no es frenar el río, sino canalizarlo para que nadie se quede atrás cuando el nivel del agua vuelve a subir. @mundiario

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