Garamendi sugiere que las bajas laborales se disparan en lunes y viernes
El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, volvió a encender este viernes una de las discusiones más sensibles del mercado laboral español: la presunta falta de “cultura del esfuerzo” y el auge de un absentismo que, según él, se concentra sospechosamente en los extremos de la semana laboral. Sus palabras, pronunciadas en la cumbre empresarial Liderando en incertidumbre celebrada en Vitoria, resuenan más allá de una mera reflexión personal; forman parte de un marco narrativo que él mismo lleva años construyendo y que, cada vez que lo actualiza, reordena el debate público.
Garamendi insiste en una idea que considera estructural: España tiene “tres millones de parados si se contabilizan de verdad”, una cifra que incluye a los fijos discontinuos en periodo de inactividad, a quienes las estadísticas oficiales no clasifican como desempleados por mantener una relación laboral activa aunque no estén trabajando. Para el líder patronal, ese volumen de personas debería encajar de manera natural en sectores que, según afirma, necesitan “miles” de trabajadores: la hostelería, la construcción o el transporte. Y si no sucede, sostiene, es “una cuestión de actitud”.
El mensaje no es nuevo, pero el tono tiene un matiz distinto: más urgente, más confrontativo, más emocional. Garamendi entiende que la economía española y vasca van “bien”, pero cree que persisten problemas de fondo que no se afrontan con la determinación que requieren. Y lo formula con un lenguaje que busca impactar, casi sacudir. Su comparación, meses atrás, entre la jornada laboral de un trabajador medio y el esfuerzo de Carlos Alcaraz —“¿tú crees que Carlitos trabaja 37 horas y media?”— no fue casual ni improvisada: forma parte de un mismo relato sobre la necesidad de sacrificio, disciplina y rendimiento.
Ahora, añade un ingrediente más inflamable: el absentismo. Según Garamendi, un millón y medio de personas faltan cada día a su puesto de trabajo en España, y una parte significativa de esas ausencias coincide con lunes y viernes. Aunque las estadísticas oficiales no permiten verificar ese patrón, la afirmación abre un flanco simbólico potente: la idea de que existe una picaresca laboral instalada y tolerada.
Las cifras y lo que se silencian
El diagnóstico patronal no convence ni a los sindicatos ni al Ministerio de Trabajo. Desde CC OO y UGT acusan a la CEOE de mezclar deliberadamente bajas médicas, permisos legales y ausencias injustificadas para construir un relato de laxitud laboral que no se sostiene con datos públicos. La campaña sindical No ejerzas tus derechos ya denunciaba el pasado verano que este uso del término “absentismo” es “malintencionado y perverso” porque convierte derechos laborales en sospecha permanente.
Además, ambos sindicatos insisten en un punto que rara vez aparece en los discursos empresariales: la incapacidad temporal ha alcanzado cifras récord no por una caída en el compromiso laboral, sino por el aumento de la edad media de la población activa y el colapso de la sanidad pública, que alarga los procesos médicos.
Ahora bien, lo que late en el trasfondo es una relación cada vez más deteriorada entre la CEOE y el Ministerio de Trabajo. Garamendi acusó recientemente a Yolanda Díaz de “meterles la motosierra” al atribuir costes laborales —incluidos los derivados de la salud mental— a las empresas. La tensión ha escalado hasta el punto de que la patronal se ha levantado de varias mesas de diálogo social: no participará en las reuniones sobre la reforma del despido y Trabajo da por rota la colaboración en prevención de riesgos laborales y en la ampliación de permisos.
Entre el relato del esfuerzo y la realidad de las vacantes
Paradójicamente, los datos de Eurostat sitúan a España entre los países con menor volumen de vacantes en Europa, un hecho que contrasta con el discurso de escasez masiva de mano de obra. Para Garamendi, el problema no es la estructura del mercado, sino la disposición de quienes podrían ocupar esos puestos. Para sus críticos, la cuestión es más profunda: condiciones, salarios, temporalidad y modelos productivos que siguen descansando en sectores poco atractivos para las generaciones más jóvenes.
En ese choque de narrativas se libra una batalla que trasciende las palabras. La “cultura del esfuerzo” que defiende Garamendi y las “bajas en lunes y viernes” que denuncia no son solo diagnósticos: son una arquitectura ideológica desde la que busca orientar la política laboral del país. @mundiario

