¿Está en cada individuo la responsabilidad de resolver la crisis española?

Parece más realista la alternativa del profesor Antón Costas, quien es partidario de un programa de largo recorrido, capaz de crear un clima social y económico favorable a los cambios.
Sede del Banco de España en la plaza de Cibeles, en Madrid.
Sede del Banco de España en la plaza de Cibeles, en Madrid.

El presidente de IBM en España, Juan Antonio Zufiría, suscitó un debate interesante sobre la salida de la recesión. «La responsabilidad de resolver la crisis está en cada individuo», dijo en una entrevista. ¿Es verdad eso que dice Zufiría? Ojalá que lo fuese, pero va a ser que no.

Una crisis del calado de la española, con una deuda privada y pública fuera de lo común, un pago de intereses disparatado y una ausencia de alternativa al inmenso vacío que dejó la construcción no se puede superar individualmente, sino desde una verdadera política de Estado con el apoyo de los ciudadanos. Es más, tanto no es cierto lo que dice el audaz Zufiría que, para salir de esta, incluso es necesario que el Estado reciba ayuda exterior mediante medidas que abaraten el pago de intereses de la deuda. En un país con seis millones de parados, más del 25% de la población activa, no es realista hacer ese tipo de planteamientos, por muy estimulantes que puedan parecer, dado que también es verdad que en algunos casos es posible la salida de la crisis mediante el emprendimiento, algo siempre saludable. Pero incluso para eso, sería precisa la creación de estímulos, tarea que en buena lógica corresponde al Estado.

Parece más realista la alternativa del profesor Antón Costas, partidario de un programa de largo recorrido, capaz de crear un clima social y económico favorable a los cambios; por tanto, un programa de reformas equitativas, con coherencia y eficacia. Sería la mejor manera de lograr la sostenibilidad de las cuentas públicas y de crear empleo.

Lamentablemente, en España ni estamos cerca de lo que abandera Juan Antonio Zufiría ni de lo que propone Antón Costas. Ni vemos emprendedores en cada esquina ni recibimos ofertas de consenso, al estilo de los pactos de la Moncloa. Por tanto, ojalá que las ideas de ambos lleguen pronto a la mesa de decisiones de Mariano Rajoy, porque si así fuese tendríamos en marcha dos líneas de trabajo que no tenemos: incentivar —de verdad— a los emprendedores y activar un amplio consenso político, económico y social sobre lo que España debe hacer en los próximos años, dado que debemos hablar de varios años para dejar atrás esta crisis descomunal.

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