España ante los aranceles de Trump: una amenaza comercial que pone a prueba a la UE

La política arancelaria de Donald Trump golpea de lleno al comercio exterior español, con consecuencias que podrían extenderse al corazón del proyecto europeo.
Carlos Cuerpo, ministro de Economía. / @carlos_cuerpo.
Carlos Cuerpo, ministro de Economía. / @carlos_cuerpo.

La economía global asiste a una nueva sacudida provocada, una vez más, por las decisiones del presidente estadounidense Donald Trump. Su reciente anuncio de nuevos aranceles a las importaciones vuelve a encender las alarmas en Europa y, en particular, en España, que podría ver comprometido hasta el 80% de sus exportaciones al mercado estadounidense. La cifra no es menor: casi 15.000 millones de euros anuales estarían en juego si los gravámenes anunciados llegan a aplicarse con toda su severidad.

Ante este panorama, el Gobierno español ha activado un plan de respuesta con un decreto ley que busca amortiguar el impacto en los sectores más vulnerables. Pero el margen de maniobra es escaso cuando el problema trasciende lo nacional y se inserta en una batalla geopolítica más amplia. La ofensiva arancelaria de Trump, lejos de responder a criterios puramente económicos, parece diseñada para agitar banderas populistas de cara a las elecciones, apuntando contra sus socios históricos como si de enemigos se tratase.

El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha reconocido que es imposible cuantificar con exactitud el impacto potencial, dada la volatilidad de la situación y la falta de detalles sobre cómo y cuándo se aplicarán los nuevos aranceles. Sin embargo, el daño simbólico ya está hecho: el mensaje que lanza Estados Unidos —el mayor socio comercial de la UE fuera del continente— es que ningún acuerdo, ni ninguna alianza, es estable bajo una lógica proteccionista y errática.

Frente a esta amenaza, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha hecho un llamamiento a la moderación. Pero no a Washington, sino a Pekín. Porque el conflicto comercial entre EE UU y China, en pleno proceso de recrudecimiento, amenaza con arrastrar al resto del mundo. Von der Leyen ha instado al primer ministro chino, Li Qiang, a evitar una espiral de represalias que podría desembocar en un colapso del sistema multilateral de comercio. No es una preocupación menor: si las dos grandes potencias optan por la confrontación sin límites, Europa corre el riesgo de convertirse en daño colateral.

Resulta sintomático que figuras como Elon Musk —convertido en asesor extraoficial de Trump— hayan intentado, según revela The Washington Post, frenar esta deriva proteccionista desde dentro. Que un empresario emblemático del modelo global intente hacer entrar en razón a un presidente desde una plataforma informal dice mucho del desorden institucional que reina en la política comercial de la primera economía del mundo.

Mientras tanto, los mercados financieros muestran su habitual sensibilidad: tras días de incertidumbre, las bolsas europeas han rebotado, con especial protagonismo del sector bancario. Pero nadie se engaña: la recuperación bursátil es frágil y dependiente de rumores y gestos diplomáticos, más que de certezas políticas.

En definitiva, España no puede permitirse quedar como mera espectadora. Aunque la respuesta inmediata sea limitada, urge articular una estrategia común con sus socios europeos para defender los intereses comunes. Porque si algo ha demostrado Trump es que su lógica es bilateral, no multilateral. Y frente a ese modelo, la única defensa eficaz es una Europa unida y asertiva. La alternativa es dejar que nuestras exportaciones —y con ellas miles de empleos— se conviertan en rehenes de una política exterior imprevisible. @mundiario

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