Claves de hoy: Previsión de ingresos, asignación de recursos y satisfacción de necesidades

El Eurogrupo pone punto y final y, con éxito, al programa de recapitalización de la banca española.
La eficiencia, aunque se proclama, realmente queda relegada.

En los tiempos más recientes se viene observando que las medidas de gobierno aparecen presididas, regidas, inspiradas, casi exclusivamente, por un criterio de economía.

Claves de hoy: Previsión de ingresos, asignación de recursos y satisfacción de necesidades

En los tiempos más recientes se viene observando que las medidas de gobierno aparecen presididas, regidas, inspiradas, casi exclusivamente, por un criterio de economía: todo aquello que "cueste" se elimina, sin más, sin mayores consideraciones. La deriva que está tomando este modo de tratar de resolver los problemas colectivos entraña gravísimos riesgos con la previsibilidad de consecuencias y efectos todavía más graves, que no sabemos sí serán reversibles, y en qué plazo.

Parece conveniente y oportuno aclarar y precisar algunos conceptos básicos que, en ocasiones, pudieran confundirse y que es preciso discernir con nitidez. Son los de eficacia, economía y eficiencia.

Eficacia significa conseguir el objetivo, sin más, y ello, por tanto, a cualquier coste, incluso aunque fuere más elevado. Economía, que es tanto como tratar de lograr el objetivo al menor coste posible, por lo más barato, sin tener en cuenta ninguna otra consideración. Eficiencia, lograr el objetivo al menor coste posible pero mejorando la calidad del servicio prestado y la satisfacción de la necesidad a atender.

El pretender moldear la sociedad al estilo y la forma de una determinada creencia política, de una determinada ideología, merecería la calificación de totalitarismo. Debe proscribirse la identificación de la configuración social con las creencias de solo una parte de la sociedad. Es el común denominador el que ha presidir la formulación de las reglas de convivencia y la resolución de los conflictos sociales, por otra parte de lógica existencia en toda sociedad humana.

Paralelamente deben tomarse decisiones, ciertamente, y éstas deben afrontar dos cuestiones iniciales: necesidad social demandada y a satisfacer, objetiva y racionalmente determinada; coste y medios económicos disponibles. Lo primero hace referencia a la "eficacia"; lo segundo a la "economía"; en los dos casos no de modo independiente y separado, sino conjunto e interrelacionado, para que la acción sea "eficiente".

Relegan la eficiencia

Hoy día, una observación a nuestro alrededor, incluso no demasiado intensa, permite advertirnos que las decisiones se toman sobre una base estrictamente ideológica (por tanto, parcial) y basada en estrictos términos económicos: lo más barato ha de primar, siempre que sea "eficaz". La "eficiencia", aunque se proclama, realmente queda relegada. Exige esfuerzo; conocimiento de la realidad social; preparación profesional adecuada; sensibilidad ante las necesidades sociales para el establecimiento de un orden de preferencias no basado estrictamente en un criterio ideológico sino de atención objetiva; y, desde luego, buscando siempre la exigible calidad en el resultado mediante la satisfacción adecuada de la necesidad social con el consiguiente beneficio para los destinatarios y, en definitiva, para todo el cuerpo social. Claro que los recursos a aplicar son cuantiosos y no andamos sobrados de ellos, por eso los criterios de selección de objetivos y de medios para satisfacerlos han de ser cuidadosamente elegidos. Pero, ¡ojo! como se dice vulgarmente, muchas veces, las más de las veces me atrevería a decir, "lo barato resulta caro" y es evidente que no estamos para dispendios.

Y esto ¿a cuento de qué viene? Pues a cuento de que la gran mayoría de los ciudadanos, que están sometidos a innumerables sacrificios, interesan, ansían, requieren, exigen, urgen, información veraz, explicaciones razonables y comprensibles por ellos, no alambicados y complicados razonamientos que, en su mayoría, son falaces, y vienen a encubrir la realidad para que los dirigentes puedan ocultar sus miserias -que las tienen, como todos-. Buen ejemplo de ello lo tenemos en el frecuente empleo del eufemismo sustituyendo a la palabra llana y sencilla que todo el mundo entiende.

Viene a cuento de que la identificación de las necesidades debe ser lo más singular, objetiva y precisa posible, obedeciendo a una demanda real que afecte al mayor abanico posible del espectro social. Cumpliéndose la exigencia constitucional de que “el gasto público realizará una asignación equitativa de los recursos públicos, y su programación y ejecución responderán a los criterios de eficiencia y economía” (art. 31.2 CE); entendemos que va de suyo el ineludible requisito de eficacia.

Viene a cuento, también, de que siendo evidente escasez y limitación de los recursos, ha de hacerse una adecuada y racional previsión de los mismos para lograr aquel ingreso (recaudación) que permita cubrir los gastos proyectados. Y esto ha de hacerse también con estricto cumplimiento de la previsión constitucional de que “todos” (principio de generalidad y universalidad) “contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en  ningún caso, tendrá carácter confiscatorio” (art. 31.1 CE). Circunstancias las indicadas que obligan a las Autoridades tributarias a una estricta y adecuada aplicación de la normativa correspondiente según el desarrollo que de los expresados preceptos se contienen en la vigente Ley General Tributaria (vid. básicamente arts. 2 y 3, y todos los subsiguientes y complementarios).

La clave, un pueblo solidario
Y viene a cuento, también, de que como dice Cicerón, poniéndolo en boca de Escipión (Libro I de La República) “no hay nada más estable, nada más firme que un pueblo solidario y que dirija todos sus esfuerzos a mantener su propia seguridad y libertad, y que la solidaridad es algo muy fácil en un Estado en que un mismo interés guía a todos”. No me resisto a añadir que el mismo autor, (ahora en el Libro I de Las Leyes, y en su propio nombre) expresa que la ley ha de ser definida como “recta razón de mandar y prohibir. (…) Y si el fundamento del derecho lo constituyera la voluntad de los pueblos, las decisiones de sus jefes o las sentencias de sus jueces, sería conforme a derecho robar, cometer adulterio, falsificar testamentos, si tales acciones fueran aprobadas mediante votación o por aclamación de la multitud.- Pues si tan grande es el poder que tiene la opinión y la voluntad de los necios que es capaz de cambiar con sus votos la naturaleza de las cosas, ¿por qué no legislar que se considere bueno y saludable lo que es malo y dañino?(…)”.
La sagacidad del amable lector habrá recordado de inmediato situaciones recientes, actuales, del día a día, y las habrá situado en su adecuado contexto. Si lo he conseguido, mi permanente agradecimiento; si no, imploro su comprensión.

 

Claves de hoy: Previsión de ingresos, asignación de recursos y satisfacción de necesidades
Comentarios