Las buenas previsiones de crecimiento exigirán medidas económicas no tan agradables

Nadia Calviño. / Mundiario
Nadia Calviño. / Mundiario

Reducir la deuda, financiar las pensiones y cambiar el modelo económico son ya problemas urgentes, a los que se suma ahora el repunte del IPC.

Las buenas previsiones de crecimiento exigirán medidas económicas no tan agradables

Las previsiones de crecimiento para España están sobre la mesa y no solo malas. ¿Pero serán suficientes? El Banco de España elevó al 6,3% su previsión de crecimiento económico para 2021 y al 5,9% para 2022, mientras que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) también prevé un crecimiento económico más fuerte en España para 2021 y 2022: del 5,9% al 6,8% en 2021 y del 6,3% al 6,6% en 2022. Dos meses atrás, la Comisión Europea había previsto alzas del PIB del 6,2% en 2021 y del 6,3% en 2022. A su vez, el Fondo Monetario Internacional (FMI) aumentó sus perspectivas para 2022 del 4,7% al 5,8% de crecimiento del PIB. Desde la esfera privada, el BBVA estimó que el PIB crecerá en 2021 el 6,3% y un 4,7% en 2022, y desde el Gobierno se proyectó un crecimiento del PIB del 6,5% para 2021 y del 7% para 2022.

A su vez, los datos avanzados del IPC de julio (2,9%) trajeron consigo la mayor tasa de crecimiento interanual de los precios en España desde febrero de 2017. Los servicios de alojamiento y el gas están detrás de la tensión en los precios. El fenómeno no se da solo en España, también se acusa en otros estados europeos y más aún en EE UU (5,4% en junio) y en China (9% interanual), aunque los motivos no son los mismos en todos los casos.

Entre los economistas no hay unanimidad sobre su verdadero alcance: para unos se trata de aumentos de precios producto de alteraciones temporales, debidas a la recuperación de la pandemia, pero para otros hay un problema de inflación estructural, es decir, algo más de fondo.

Si extrapolásemos a España y a la eurozona las teorías del premio Nobel de Economía Paul Krugman, la deuda no sería un problema, teniendo en cuenta los bajos tipos de interés, y la inflación tampoco lo sería, dada la capacidad de la economía para absorber un aumento del gasto público. Pero está por ver que todo esto vaya a ser así, al menos en la eurozona, que es el espacio económico que condiciona –y disciplina– a España.

El Banco Central Europeo fija su objetivo de estabilidad en un 2% de aumento anual de los precios, lo que supone reconocer que habrá más tensiones, ya que en el conjunto del año hubo momentos de escasa o nula inflación, incluso con temores de deflación.

Habrá problemas si la ola inflacionista desata aumentos inesperados de las pensiones, los salarios y los alquileres

Los problemas vendrán si esta ola inflacionista desata aumentos inesperados de las pensiones, los salarios y los alquileres, entre otros precios de referencia. En España todas esas cosas fueron habituales cuando su economía se movía en pesetas, pero no desde que está en el euro. Nunca se llegó a los extremos de Alemania en los años 30, de Argentina en los 70 o de Venezuela estos últimos años, pero sí hubo muchos apuros con esta especie de ‘impuesto invisible’, que es como le llamaba el economista liberal Milton Friedman a la inflación.

Ahora también hay un riesgo añadido: el aumento del coste de la deuda, si repuntan los intereses. Son ya muchos los años que España lleva sufriendo problemas de deuda. A veces de deuda privada, como en la reciente crisis de 2008, y casi siempre, de deuda pública, ahora en niveles nunca vistos en la historia.

Siguen pendientes las reformas internas en materia laboral, de pensiones, deuda pública, déficit e industrialización

Unas cosas y otras hacen aconsejables reformas internas, que siguen pendientes en materia laboral, de pensiones, deuda pública, déficit e industrialización. Ya no se trata de que lo digan la Comisión Europea o el BCE, que no se casan de repetirlo, junto con el FMI, sino de que España asuma sus propios problemas y busque las mejores soluciones de manera consensuada.

La principal partida de gasto del Estado ya es la deuda y si el Gobierno quiere contenerla, reduciendo el déficit, no tendrá más remedio que subir los impuestos o ajustar los gastos improductivos. O ambas cosas a la vez.

En los mensajes de Nadia Calviño como ministra de Economía –ahora también es vicepresidenta primera– siempre han ido aflorando este tipo de análisis, pero en España, lejos de hacerle caso, es habitual atribuirle un papel de ‘mala’ frente a las supuestas ‘bondades’ de los ministros expansivos, como si el dinero naciera en los árboles.

Tal vez ha llegado la hora de que Pedro Sánchez asuma sus funciones de Presidente con mayúsculas y no solo cuente con Calviño como una especie de salvoconducto ante Bruselas, sino como artífice de las reformas que España necesita.

El Gobierno evitó otra crisis financiera y el cierre de miles de empresas. Es algo de lo que puede presumir, al tiempo que debe explicar su coste en miles de millones

En la pandemia, el Gobierno evitó otra crisis financiera y el cierre de miles de empresas. Es algo de lo que puede presumir, al tiempo que debe reconocer –y explicar– su coste en miles de millones. Pero ahora toca hacer reformas, como la laboral, que en palabras de Nadia Calviño “debe europeizar el mercado de trabajo”. La vicepresidenta y ministra de Economía también aboga por “retomar la senda de subida del salario mínimo” camino de 2023, pero “sin poner en riesgo el crecimiento y el empleo”.

Los agentes sociales –empresarios y sindicatos– cerraron el curso sin avances en la negociación de las reformas pendientes y se emplazaron a nuevos encuentros, cuando está previsto que el Gobierno ponga sobre la mesa la situación de los ERTE. Los preacuerdos alcanzados en pensiones son positivos, pero no sirven para resolver el problema de fondo: su financiación. La placidez observada hasta ahora dará pie a tensiones, como ya se vio con el salario mínimo, pero también a acuerdos. @J_L_Gomez

–––––– PROTAGONISTAS ––––––

Teresa Ribera. / Mundiario

Teresa Ribera. / Mundiario

> Teresa Ribera, vicepresidenta del Gobierno. - Incapaz de resolver el problema de la luz, se refugia en que el plan de recuperación apoya la descarbonización y aporta inversiones en movilidad urbana, eficiencia energética de los edificios y despliegue de tecnologías para energías limpias.

> Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. - El marcaje europeo a España es diplomático pero cada vez más intenso, y sin concesiones. Pese a los precios de la luz, disparados, Bruselas salió en defensa del actual mercado energético y achacó el encarecimiento a “una combinación de factores”.

> Vera Jourová, vicepresidenta de la Comisión Europea.- Bruselas no para. La Comisión Europea urge a España a la renovación del Consejo General del Poder Judicial y sugiere que, en línea con los “estándares europeos”, la mitad de los miembros del órgano de gobierno sean elegidos por jueces.

> Mark Rutte, primer ministro holandés. - El Gobierno de los Países Bajos sigue obsesionado con España y pide supeditar futuros pagos a que cumpla los objetivos del plan de recuperación, que no ve claro. Rutte se comprometió con su parlamento a seguir “de cerca” cómo cumple Sánchez. @mundiario

 

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