Las alternativas energéticas: ninguna opción es inocua para el medio ambiente

La inversión en ciencia y tecnología de calidad es clave.
La inversión en ciencia y tecnología de calidad es clave.

Solo la UE apuesta por las fuentes renovables. Los mayores consumidores y los grandes países emergentes se limitan a crecer mediante las fuentes más baratas en cada momento.

Las alternativas energéticas: ninguna opción es inocua para el medio ambiente

El punto de partida para estudiar cualquier fuente de generación de energía, es la situación más actual del mundo,  situación que según el informe de la ONU “Nuestro Futuro Común”, donde se acuñaron las tesis sobre el “desarrollo sostenible”, es: no existe ninguna fuente de energía, ni ninguna combinación de fuentes, que sea capaz de subvenir las necesidades humanas, en los actuales términos del desarrollo necesario para el bienestar. Esto nos lleva a que todas y cada una de las posibles fuentes de energía son imprescindibles y en consecuencia deben ser explotadas, pero evidentemente lo más razonable estaría dentro de los límites del desarrollo sostenible, en el tiempo, actual y futuro, y en el espacio geográfico en que se actúa.

Todos los sistemas promovidos por gobiernos sensatos están y estarán basados en las garantías de suministro, y el coste unitario final. Por razones estratégicas o políticas deben incluirse otros referentes, en este siglo el impacto medioambiental y la opinión pública, son referentes obligados, al menos en los países más democráticos.

Comencemos el análisis por lo básico: garantía de suministro y precio final de la unidad energética.

Los depósitos disponibles de uranio garantizan el suministro por 30 ó 40 años, las reservas de gas y petróleo contrastadas y explotables a precio razonable permiten garantizar el suministro durante los próximos 50 ó 60 años, en especial el gas, las del carbón más de  200 años a buen precio, en caso de necesidad la cifra se puede ampliar hasta más de 500 a precios más altos, las fuentes primarias llamadas renovables garantizan el suministro para siempre, aún cuando algunas están limitadas en su tamaño y por el clima, es el caso de la hidroeléctrica, y las tecnologías de captación o producción hoy son caras.

Las reservas de uranio en cantidades apreciables y a precio razonable se concentran en 6 ó 7 países, la producción minera de los 5 principales está en manos de una sola empresa, el gas y el petróleo se producen en más de 50 países y su producción está en manos de 7 a 9 grandes multinacionales, el carbón está presente y accesible en todos los continentes, salvo en América del sur, y las fuentes renovables tienen presencia universal e inagotable.

Hablemos de precios

En el tema precios, la gran ventaja de la central nuclear era un combustible barato, en el caso francés debido a la construcción casi en serie del parque nuclear y a la ausencia del coste de seguro de accidentes, que el estado francés cubre sin repercutir en el precio de operación, los costes de producción también son ventajosos.

Desgraciadamente, una vez terminada la salida al mercado del uranio procedente del desmantelamiento de los arsenales militares y con el lanzamiento de nuevos proyectos de centrales, el precio del uranio subió un 700% en poco más de 5 años, a raíz de Fukushima ha bajado a la mitad, desde esa punta, el precio del petróleo oscila hasta un 90% en los periodos considerados inciertos para el suministro, el del carbón ha crecido de forma más moderada, siempre en paralelo al crecimiento de China.

Sin olvidar lo anterior,  entremos en el terreno del medio ambiente y de la opinión pública. Para evaluar cada fuente y cada tecnología es necesario tener en cuenta el conjunto del ciclo: extracción y procesamiento del combustible, construcción de la central o de la instalación de captación, operación de la misma, reposición del entorno y gestión de los residuos.

La primera afirmación es que ninguna opción es inocua para el medio ambiente, el uso de todas las fuentes impacta en el entorno natural. La minerías del carbón y del uranio así como la extracción del petróleo y el gas, su transporte,  procesamiento, la construcción de los centros de producción y la explotación generan CO2 (en el caso nuclear solo el 20 ó 30 % del generado por el carbón, en el caso del gas el 60%), en el caso del carbón también se puede generar lluvia acida, y todos producen contaminación térmica y polución del entorno más próximo. La hidráulica, la más eficiente y barata impacta sobre el paisaje y cambia condiciones microclimáticas, y la eólica y la solar impactan de forma similar, incluso se han descubierto colonización de especies ajenas al medio natural aprovechando la sombra de los espejos de la central solar de Almería.

La segunda es que unas son menos o mucho menos impactantes que otras y sus efectos son más o menos reversibles. Solo en el caso nuclear la posible irreversibilidad no tiene solución hoy y eso a pesar de los ingentes recursos dedicados al I+D.

Problemas del carbón

Los dos problemas principales del carbón son su rendimiento, solo e 35% del poder energético se transforma en electricidad y sus contaminantes principalmente son CO2 y compuestos de azufre. A pesar de los muy escasos recursos destinados a I+D para este combustible, hoy están disponibles tecnologías, llamadas de combustión limpia, como la gasificación que permiten incrementar el rendimiento hasta el entorno del 50%, cifra próxima a la del gas natural y que prácticamente eliminan los compuestos de azufre (por ejemplo la combustión en lecho fluido), mejorando notablemente la competitividad en términos de precio. El problema del CO2 aún no tiene una solución económica, aun cuando si técnica, los métodos de captura y fijación del CO2 en los llamados sumideros (como los océanos, o, los pozos de petróleo y gas según se agotan) necesitan unos recursos en I+D que serían solo una pequeña fracción de los que se ha dedicado  al  sector nuclear.

Es decir, a pesar de sus inconvenientes, y según todos los organismos oficiales, el carbón y el gas son las fuentes que van a crecer más notablemente en el “mix” energético. En la producción de electricidad el carbón llegará al 45% en 2030 (s/IEO). Solo con un moderado esfuerzo de investigación y desarrollo, en las tecnologías de combustión limpia y en las de secuestro y fijación del CO2, podrán paliarse algunas de las consecuencias. Saque cada cual sus conclusiones.

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