Alemania se aferra al pacto UE-EE UU como náufrago a su salvavidas

La confianza empresarial en Alemania sube tras el pacto UE-EE UU, aunque la economía sigue débil y con retos estructurales.
Producción industrial. / Chanaka E en Pexels
Producción industrial. / Chanaka E en Pexels

La confianza empresarial en Alemania ha dado un salto en agosto y se sitúa en su nivel más alto desde febrero de 2022. El índice Ifo refleja un repunte de las expectativas tras el acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y Estados Unidos para rebajar tensiones comerciales. Para una economía tan dependiente de las exportaciones como la alemana, la distensión con Washington supone un alivio inmediato. Los empresarios lo leen como una señal de estabilidad que permite mirar al futuro con algo más de optimismo.

La cuestión es por qué un simple pacto político cambia tanto el ánimo económico. La respuesta está en la psicología de los mercados. Cuando desaparece el riesgo de nuevos aranceles, los fabricantes de automóviles, maquinaria o bienes industriales respiran. Alemania vive de vender al exterior y cualquier obstáculo extra daña su proyección global. Por eso, el pacto entre Bruselas y Washington ha actuado como un catalizador de confianza.

Conviene recordar que este tipo de acuerdos no solo alivian las cuentas empresariales, también reducen la tensión política en Europa. Para Berlín, que carga con el papel de “locomotora” de la eurozona, proyectar seguridad resulta fundamental, incluso si los datos todavía no acompañan.

Una economía que sigue mostrando debilidades

Pese al entusiasmo de las encuestas, los datos duros dibujan un panorama más sombrío. En el segundo trimestre, el PIB alemán se contrajo un 0,3%, una caída más intensa de lo calculado inicialmente. Mientras España creció un 0,7% y Francia avanzó un 0,3%, Alemania volvió a quedarse atrás. La llamada locomotora europea pierde fuerza y, lo que es peor, no logra acompasar sus expectativas con la realidad de su actividad.

El contraste es evidente. Los empresarios declaran sentirse más seguros, pero la industria manufacturera se enfría, la construcción se estanca y las exportaciones de bienes retroceden. Solo el sector servicios y los fabricantes de bienes de capital aportan señales positivas. El resto transmite más dudas que certezas.

¿Optimismo real o un simple espejismo?

El repunte de confianza es una buena noticia, pero no resuelve los problemas de fondo. Alemania continúa excesivamente expuesta a las tensiones internacionales y depende en exceso del comercio exterior. El acuerdo con Estados Unidos compra tiempo y oxígeno, aunque no cambia la naturaleza de una economía que sufre para crecer sin el impulso exportador.

La lección es clara. La confianza puede abrir el camino hacia la recuperación, pero no basta sin reformas que hagan al país más resistente. Si Berlín no corrige sus fragilidades estructurales, el entusiasmo empresarial de este verano se recordará solo como un espejismo estadístico. @mundiario

Comentarios