2026 apunta a un respiro en la inflación, pero con la vivienda como gran excepción del coste de la vida

El próximo año se perfila como un periodo de estabilización de precios en la economía española, con una inflación contenida y salarios al alza. Sin embargo, el mercado inmobiliario seguirá tensionado, con nuevos máximos en compraventas y alquileres.
Vivienda. / Freepik.
Vivienda. / Freepik.

Si no median sobresaltos imprevistos, 2026 se presenta como el año en el que la inflación terminará de asentarse tras un largo ciclo de encarecimientos. Las previsiones económicas apuntan a que el índice de precios al consumo continuará moderándose hasta aproximarse al entorno del 2%, el nivel que se considera compatible con la estabilidad. Este escenario permitirá a amplias capas de la población recuperar parte del poder adquisitivo perdido, gracias a la revalorización de las pensiones conforme al IPC, subidas salariales tanto en el sector público como en el privado y un nuevo incremento del salario mínimo interprofesional, aún pendiente de concretarse.

La contención de los precios vendrá acompañada de una política monetaria estable. El Banco Central Europeo mantiene los tipos de interés sin cambios y todo apunta a que el euríbor seguirá moviéndose en una banda estrecha, lo que evitará sobresaltos en las hipotecas variables. No obstante, este alivio financiero contrasta con un mercado de la vivienda que continúa completamente desacoplado del resto de la economía.

La vivienda será, de nuevo, el principal foco de presión para los hogares. Tras un 2025 marcado por más de 700.000 compraventas, las previsiones de los grandes portales inmobiliarios anticipan que tanto los precios de venta como los alquileres seguirán subiendo en 2026. El alza será especialmente intensa en las zonas sin límites regulatorios y vendrá impulsada por una demanda persistente y una oferta insuficiente. El número de operaciones podría crecer entre un 3% y un 10%, mientras que los alquileres podrían encarecerse alrededor de un 6%, en un contexto en el que miles de contratos firmados durante la pandemia vencerán y deberán renegociarse.

En paralelo, algunos gastos cotidianos sí registrarán subidas. La factura eléctrica apunta al alza por el incremento de peajes y cargos regulados, pese a que el Gobierno confía en que la bajada del precio de la energía compense parte del impacto. Las grandes comercializadoras, sin embargo, ya han anunciado que trasladarán a sus clientes nuevos costes, lo que afectará sobre todo a los usuarios del mercado libre. En telecomunicaciones, las principales operadoras —con la excepción de algunas de bajo coste— aplicarán incrementos de tarifas a partir de enero, alegando el aumento de sus costes operativos.

El transporte ofrecerá una imagen más heterogénea. El Estado mantendrá buena parte de las bonificaciones en trenes y autobuses, con nuevos abonos de ámbito nacional y descuentos reforzados para jóvenes y menores. Aun así, volar será algo más caro: Aena elevará las tasas aeroportuarias, lo que se traducirá en un aumento medio del precio del billete. También los peajes subirán, con incrementos ligados al IPC y límites máximos en determinadas autopistas gestionadas por el Estado.

En el ámbito laboral y social, enero llegará con mejoras para millones de personas. Las pensiones contributivas subirán en línea con la inflación, mientras que las mínimas y no contributivas registrarán aumentos superiores para reducir el riesgo de pobreza. Los empleados públicos verán incrementados sus salarios y el salario mínimo volverá a revisarse al alza, aunque sigue abierta la incógnita sobre su tributación en el IRPF. Al mismo tiempo, aumentarán las cotizaciones sociales por la subida del Mecanismo de Equidad Intergeneracional, destinado a reforzar el sistema de pensiones.

En materia fiscal, 2026 arrancará previsiblemente con unos Presupuestos prorrogados y sin grandes reformas tributarias, aunque se esperan ajustes puntuales, como cambios en el impuesto de sociedades para pymes o la actualización de coeficientes en la plusvalía municipal. Quedan en el aire debates relevantes, como la equiparación fiscal del diésel a la gasolina o el tratamiento fiscal definitivo del salario mínimo.

En conjunto, el próximo año dibuja un escenario de inflación controlada y mayor previsibilidad económica, favorecido por la estabilidad de los tipos de interés y una menor presión energética. Sin embargo, la persistente escalada de la vivienda y el encarecimiento de algunos servicios estructurales seguirán condicionando el coste de la vida, confirmando que la normalización de los precios no será uniforme para todos los bolsillos. @mundiario

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