Yeremay aún busca su mejor versión y el Dépor de Hidalgo aprende que dominar no basta
El empate ante el Málaga confirmó la superioridad colectiva del Deportivo, pero también dejó señales individuales claras: el talento canario aún está lejos de su nivel y el equipo sigue pagando caro cualquier error aislado.
El empate del Dépor frente al Málaga (1-1) no solo dejó una sensación colectiva de oportunidad perdida en Riazor, sino también una lectura individual que ayuda a entender por qué un equipo que dominó durante 75 minutos terminó conformándose con un punto. Entre esas conclusiones, una sobresale por encima del resto: Yeremay aún no está.
El canario, que regresó progresivamente a la dinámica competitiva y dispuso de media hora sobre el césped, evidenció ganas y actitud, pero también una falta de chispa que en otras circunstancias habría sido decisiva. Intentó arrancadas que en su mejor versión terminan en ventaja o en ocasión clara, pero esta vez se fue apagando con el paso de los minutos. Apenas entró en juego en el tramo final y dejó la sensación de que todavía necesita tiempo para recuperar el nivel que lo convirtió en uno de los futbolistas más determinantes del equipo y de la Segunda División. La noticia positiva es que no retrocede: cada aparición suma minutos y confianza, aunque aún esté lejos de su techo.
El partido, en cualquier caso, volvió a subrayar la solidez estructural de un Deportivo que, pese al empate, ofreció una actuación colectiva de alto nivel. En defensa, el trabajo fue prácticamente impecable durante casi todo el encuentro. Álvaro Ferllo apenas tuvo que intervenir, una circunstancia que habla bien del trabajo de sus compañeros, aunque también deja un matiz inevitable: el Málaga marcó en su único disparo a puerta. El córner que desembocó en el empate deja una duda razonable sobre si pudo hacer algo más, pero también evidencia lo cruel que puede resultar el fútbol cuando un equipo concede tan poco y aun así paga el único desliz.
Yeremay dejó destellos, pero todavía no tiene la chispa que lo convierte en decisivo
En la línea defensiva, el equipo de Antonio Hidalgo mostró solidez y coordinación. Lucas Noubi firmó un encuentro serio, con autoridad en la mayoría de sus intervenciones, aunque algún exceso de confianza puntual provocó situaciones de riesgo que pusieron a prueba la paciencia de la grada. Ximo Navarro, por su parte, ofreció una de sus actuaciones más completas del curso. Su conexión con Altimira fue constante y efectiva, en un partido en el que el doble lateral planteado por el técnico encontró probablemente su versión más convincente.
También Loureiro respondió con solvencia en el eje defensivo, combinando intensidad en el duelo con una discreta capacidad para iniciar la jugada desde atrás. Esa seguridad colectiva explica en gran medida por qué el Málaga apenas inquietó durante largos tramos del partido.
Si hubo un futbolista que simbolizó el dominio local, ese fue Giacomo Quagliata. El italiano firmó una actuación de enorme recorrido por el costado izquierdo, sin errores y con presencia constante en las acciones ofensivas. Su disparo lejano, que obligó a una intervención de mérito de Alfonso Herrero, fue una de las muchas pruebas de que el gol local era cuestión de insistencia más que de inspiración puntual.
En el centro del campo, el regreso de Villares aportó equilibrio y trabajo silencioso. Fue un pulmón durante buena parte del encuentro, aunque el desgaste físico acabó pasándole factura con el paso de los minutos. A su lado, Mario Soriano –muy marcado– volvió a demostrar por qué es una pieza imprescindible: cada balón que pasó por sus botas mejoró la circulación y generó ventajas, incluida una acción que pudo haber significado el gol de la victoria.
Pero si hay un nombre propio que emerge con fuerza de este partido, ese es el de Altimira. Su estado de forma actual parece un escalón por encima del resto. Participó en casi todas las acciones peligrosas, probó el disparo con insistencia y firmó la asistencia que permitió a Mulattieri romper el muro de Herrero. Su único lunar fue una tarjeta evitable en el tramo final, un detalle menor en una actuación sobresaliente.
En ataque, el rendimiento fue más irregular. A menudo fuera de su sitio, Luismi comenzó con intensidad, aportando trabajo defensivo y presencia en el juego, pero se diluyó tras el descanso. Stoichkov, pese a su voluntad constante, no encontró acierto en la toma de decisiones, y los dos goles anulados que logró simbolizan esa jornada de eficacia frustrada. Nsongo, siempre combativo, ofreció esfuerzo físico y capacidad para aguantar balones, aunque en demasiadas ocasiones se encontró aislado y sin apoyos cercanos.
Los cambios, sin embargo, aportaron señales interesantes. Patiño dejó claro que atraviesa un momento de crecimiento futbolístico, con recuperaciones que pudieron resultar decisivas y una seguridad notable en la distribución. El italiano Mulattieri, por su parte, volvió a demostrar instinto goleador: falló la primera ocasión, pero convirtió la segunda con precisión, confirmando su capacidad para decidir partidos con pocas oportunidades.
El Málaga marcó en su único disparo y recordó al Dépor que la eficacia pesa más que el dominio
Ese contraste entre el talento que llega desde el banquillo y la recuperación progresiva de futbolistas como Yeremay abre una reflexión inevitable sobre el tramo final de la temporada. El Deportivo tiene recursos, tiene fondo de armario y tiene un modelo reconocible, pero aún necesita recuperar a sus piezas más desequilibrantes en su mejor versión. Mella ya no volverá esta temporada pero Yeremay está aun a tiempo de demostrar que puede ser decisivo.
Porque, al final, el empate frente al Málaga no se explica solo por el gol encajado en un córner ni por la actuación sobresaliente del portero rival. Se explica también por la suma de pequeños detalles individuales: la chispa que todavía falta en algunos futbolistas, la precisión que se escapa en momentos concretos y la dificultad para cerrar partidos que parecen controlados.
El Deportivo dejó en Riazor una de sus actuaciones más completas de los últimos meses y, sin embargo, salió del campo con la sensación de que algo esencial sigue pendiente. Tal vez ese algo sea precisamente lo que representa Yeremay: el talento capaz de transformar el dominio en ventaja y la ventaja en victoria. Mientras esa versión no regrese del todo, el equipo seguirá caminando en esa fina frontera entre merecer ganar y conseguirlo. @mundiario
