El susurrador de yeguas Sergio Ramos cumple 30 alejado del fútbol, que nunca se le dio bien

Sergio con su pasión
Sergio con su pasión. / RRSS

El jugador del Real Madrid da por finalizados sus quince días de pasión celebrando, a falta de títulos, su trigésimo aniversario con su yeguada.

El susurrador de yeguas Sergio Ramos cumple 30 alejado del fútbol, que nunca se le dio bien

Por fin se acabó una Semana Santa trágica desde todos los puntos de vista: en la carretera, en Bélgica, en lo que nos atañe - lo deportivo -, con la muerte de Johan Cruyff y con los partidos FIFA que son un virus en si mismos; y en lo social, con toda la basura que ha destapado en las redes la muerte del astro holandés en ambos lados del Puente Aéreo, con culés recriminando al Real Madrid - que se comportó de manera más que correcta - la tardanza en emitir un comunicado de condolencias, y con no pocos madridistas alegrándose del fallecimiento del creador del fútbol moderno, pensando quizá, que ahora se volverá al ‘pisar cabezas’ que tanto le gustaba a su ídolo Juanito y a su capitán Pepe, y que tan bien dominan.

Once años hace ya que el Visir de Chamartín, en el comienzo de su implacable mandato, pagó al Sevilla la cláusula de Sergio Ramos, un joven melenudo que había presentado sus credenciales durante dos años en el equipo de la capital andaluza. Y Del Nido que es muy malo pero muy listo, a un Florentino que presume de fichar caballeros, le coló al caballo a precio de unicornio.

Una media de menos de un título por año adorna las vitrinas del Santiago Bernabéu desde la llegada del sevillano a la capital. Sergio, un defensor mediocre para el que se pidió con insistencia el Balón de Oro por marcar - en falta y en el tiempo de descuento - un gol de cabeza que levantaba al Atletico de Madrid su primera Copa de Europa, ha sido colaborador necesario de casi todas las debacles blancas, que no han sido pocas, desde su llegada.

Se quedo sin cintura cuando Ronaldinho le destrozó entre los aplausos del Bernabéu (0-3); se tragó una tras otra las internadas de Henry en la paliza histórica (2-6) que sellaba la temporada 2008/2009; perdió todos los duelos con Villa en la manita (5-0) que el Barcelona le endosó al Madrid en la primera temporada de Mourinho, partido en el que acabó en la calle tras una entrada criminal a Messi con el tiempo cumplido y sendas agresiones a Puyol y Xavi.

El jugador más expulsado de la historia del Real Madrid (pese a las decenas que le han perdonado) vio pasar a Diego Costa como un expreso en el gol del empate de la Final de Copa ante el Atlético de Madrid, fue colaborador necesario del poker de Lewandosky en Dortmund, y lanzó a las nubes el penalty que eliminó a su equipo en su duelo de semifinales frente al Bayern Munich. Por no hablar del que falló ante Brasil en la Copa Confederaciones, donde convirtió a Neymar en Messi; y del último mundial, en el que junto a su amigo Casillas, fue pieza clave en la eliminación de la Selección Española en la primera fase.

Vanagloriado por los piperos y protegido por la prensa, Sergio Ramos se venga cada vez que tiene ocasión de un entrenador que le dejó una tarde en el banquillo tras haber hecho el ridículo ante Alexis en el partido contra el Getafe y resucitar a Trochowsky en su duelo contra el Sevilla, y no pierde la ocasión de dejar recaditos envenenados a ese técnico - Mourinho - ‘con más nombre que títulos’. Exactamente como él. Como última hazaña, se ha cargado junto a su colega Cristiano, a Rafa Benítez para poner a Zidane al frente y perder todos juntos la Liga en solo seis partidos.

La Semana de la Pasión se llama así debido a la pasión (sufrimiento) con la que Jesucristo voluntariamente fue a la cruz para pagar por los pecados de su pueblo. Sin embargo, Sergio Ramos, que o lo ha entendido mal o no se lo han explicado bien, ha decidido honrar a Jesús haciendo cosas que le apasionan. Y ninguna de ellas tiene que ver con el fútbol.

Se borró del Real Madrid con una expulsión provocada a todas luces para pasar su domingo - el de Ramos en familia con su yeguada y con su yegua, Pilar Rubio, que nada más hay que verla para entender el orden de prioridades del jugador blanco.

Se borró de la Selección para irse a de pinchos con su citada esposa tras alegar una dolorosísima lumbalgia pre-clásico, de esas que tanto le gustaban a Guti, que no será nada comparado con la fractura de cadera que se le avecina en el Camp Nou.

Y mientas Ramos carga la cruz de la lumbalgia y a la tercera renovación resucita, la defensa de la selección la cubren Piqué flanqueado por los epítetos que le han puesto en la Caverna. Patriotismo, ¿verdad? @SirDanielC
 

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