El ser humano que nos ha dado el fútbol: cómo guardar silencio y ganar
La ciudadanía se congrega por manifestaciones o fiestas patronales, pero cuando se juntan la política y la afición… Tiemble el mundo.
Cuando son malos tiempos para la lírica, andamos a patadas. Y resulta que nadie me declara su amor pero se ha declarado una guerra, más bien me han dado ganas de darle a este hombre una patada en los cojones… Fuera los corresponsales, parecen los denegados de la factoría Disney que no saben lo que es una moraleja si no hace reír a Manolo el del Bombo.
Resulta que el mundo está mal, hay gente que está muy mal. El tío es del Madrid; no, es gallego, pero aficionado al fútbol del Real Madrid. No hay pecado en ello, es una opción que toma la humanidad en su infancia y se vive con ello. No quiero minar las ilusiones de millones de españoles, es sólo que los días de fútbol me vuelvo apátrida. Pero tal condición, en nuestros días, es peor que el cáncer por hamburguesa.
Pues el espécimen en cuestión, con gran dominio del garito, practica la libertad de expresión. Esto es, que alzaba su voz allende las paredes de un bar en pos del madridismo. Sin igual, se ganó la simpatía de la mayoría silenciosa y yo creo que Felipe VI debe colgarle una medalla.
“Hazte cabrón y no a la guerra”; “emborráchate en el día de nuestro Señor en pos del laicismo”… Grande, que eres grande como Alá y gordo como el propio bombo de Manolo.
Lo que pasa, bombito bombero, es que eres un inocentón. Tú cuando descorches el champán pedirás un deseo, si es que la ebriedad es tu carácter. Eres tan cojonudo que todos te dejamos hablar. ¡Sigue! Ya tenemos un sacrificio para el reino de Felipe VI.
Pero, en verdad, a ti la tele te da cariño, cuando se jubila un presidente le obsequias con un voto nulo. Comete una locura y cámbiate de equipo, sabrás lo que es el sistema electoral.
Me pitaban los oídos, no era el árbitro, no iba por mí. Iba por el Real Madrid y la madre que lo parió, supongo, que no tiene la culpa de que la Generación del amor se haya divorciado del Estado.
Simpático indignado, en el día de hoy quieres olvidar. Digamos que no se te nota, pero te acompañamos en el sentimiento.
Así que España se ve amenazada por la barbarie, que la ignorancia por los hechos rebosa como la copa llena. Que la ignorancia es vigente y la barbarie latente… Yo lo que no entiendo es que haya seres vivos que fabrican armas o que la mujer que defiende sus derechos me ponga a parir. Es como si yo ahora me vuelvo apolítica para no hablar con nadie, como si la afición a matar moscas es declarada maltrato animal.
¿Pero te gusta el fútbol o te gusto yo? Tú no me has visto comentar las jugadas, haría las delicias del vestuario. Tú no vales para el fútbol, pero, si todo va bien, al final de la Liga me harás un stripteasse. Con lo inocentón que eres, te veo con un tango de Mickey Mouse y el esférico tatuado en el hombro. Apuesto a que te la sacudes con la zurda, si es que eres un rarito.
Recibe el apoyo de toda España y parte del extranjero. Algún día saldrás por la tele… Cuando así sea, olvídate de saludarme. Porque me das más asco que lo que bebes, eres la peste que asola Europa y ni siquiera sabes para qué has nacido: necesitas que alguien te lo diga.
Puede que algún día conozca a alguien como tú, que cambie de opinión. Ese día pasaré a la historia. Para entonces, puede que me necesites para el mes de mayo en tu calendario─ el mes de las flores─ y puede que te arrepientas de no habérmela metido en todo ese tiempo, piénsalo, es como marcar un gol.
Pero, de momento, deja que el fútbol te caliente la polla, que es legal. No dejes que la guerra te robe la ilusión. Enfádate con Guardiola, dile a Ronaldo que te dé un besito. ¡Es un mundo de hombres! Y yo soy tu diosa. Por eso te pediré un sacrificio: si votas en Navidad, sé que perderás; date un paseo por la capital a ver cuántos fascistas se arrodillan ante ti. Ah, y, si nos volvemos a ver, báilame el tiki-taka, payaso.