Rafaela Silva, de casi renunciar por racismo en 2012 a medallista olímpica

Rafaela Silva. / 20minutos.es
Rafaela Silva. / 20minutos.es

La judoca de 25 años ganó el día lunes la primera medalla de oro de la delegación anfitriona, pero detrás de ella hay una niña criada en una peligrosa favela.

Rafaela Silva, de casi renunciar por racismo en 2012 a medallista olímpica

Su viaje a lo más alto del Olimpo empezó hace bastantes años en los barrios más pobres de Ciudad de Dios, una favela de Río de Janeiro azotada por la violencia. Pese a lo poco carismático del lugar, para Rafaela Silva aquella siempre fue su casa. 

El lunes por la tarde ganó la que ha sido la batalla más importante de su vida. Y lo hizo en su propio país. Fue contra Dorjsürengiin Sumiya, de Mongolia, en la final de la categoría de 57 kilogramos en la disciplina de judo. Se colgó en el cuello el primer oro olímpico de Brasil en las Olimpiadas que el mismo país organizó. Silva entraba a los anales de la historia. 

No obstante, el galardón era tan sólo la última parte de un largo y duro viaje, del que Silva misma llegó a considerar renunciar. 

La atleta de 25 años creció en una de las favelas más emblemáticas del país. Los altos índices de violencia y criminalidad tuvieron un duro efecto en ella y en su carácter. "Ella pasó los primeros siete u ocho años de su vida agarrándose a golpes con hombres e incluso fue expulsada de la escuela", explica el periodista Alexander Wolff, quien escribió un artículo sobre la judoca para Sports Illustrated. "Pero ella siempre mostró habilidades para el fútbol y para la pipa, una modalidad de artes marciales en que los competidores están amarrados a un techo y pelean en el aire hasta lograr romper los amarres de los demás", prosigue.

Sus papás, en un intento por salvarla del caos, la llevaron a practicar judo, cuando tenía apenas 5 años de edad. Pero aquella aventura empezaba también para darle disciplina y una estructura, pues el judo, a diferencia de la calle, sí tiene reglas, según aseguró Raquel Silva, su hermana y quien también inició a practicar el arte marcial.

El ascenso al estrellato de Silva se estrelló cuando, en Londres 2012, fue descalificada en las rondas preliminares por un agarre ilegal. A partir de ahí, todo parecía que se iba en caída libre. 

Tras su eliminación, los medios de comunicación y el público en general empezaron a atacarla con palabras e insultos racistas, una práctica que ha ido en aumento en Brasil en los últimos años, según reportan las autoridades. "Estaba muy triste por haber sido eliminada", recuerda Silva, "y todo empeoró cuando me metí a revisar mis redes sociales y leía a toda esa gente llamándome "mono" y cosas por el estilo. Me dolió. Llegué a pensar que lo mejor sería renunciar al judo", comenta la hoy medallista olímpica. 

Como pudo, y con el apoyo de su familia, Silva decidió no renunciar. Trabajó hasta horas extra durante cuatro años para prepararse para la gran cita de Río de Janeiro, su Río de Janeiro. Aquella ciudad que ella veía desde su humilde casa de la favela de Ciudad de Dios, ahora le preparaba una alfombra roja hacia la gloria. Su medalla de oro fue celebrada en todo Brasil por ser la primera de ese metal conseguida por la delegación anfitriona. De llorar desconsoladamente en su habitación en Londres hace cuatro años, a marcar el inicio del camino para sus compatriotas. @hmorales_gt

Rafaela Silva, de casi renunciar por racismo en 2012 a medallista olímpica
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