¿La Premier League seduce a uno de los entrenadores más respetados de LaLiga?
En el fútbol moderno, donde los entrenadores suelen ser obreros temporales, José Bordalás es en el Getafe algo muy distinto: el arquitecto que diseñó la casa, eligió los materiales y aprendió dónde cruje cada pared. No dirige desde el banquillo, supervisa una obra que conoce ladrillo a ladrillo. Y ahora, con junio de 2026 marcado en el calendario, el proyecto entra en una fase delicada.
El contrato del técnico alicantino se acerca a su fecha de caducidad y, de momento, no hay renovación firmada ni planos nuevos sobre la mesa. Solo silencio. Un silencio que en el fútbol suele sonar a grieta. El despacho presidencial observa, calcula, espera… mientras el tiempo avanza como una hormigonera que no se detiene.
Para entender lo que significaría perder a Bordalás, hay que volver al solar inicial. El Getafe era un edificio a medio derruir, con cimientos frágiles y el cartel de “obra en riesgo” colgado en la fachada. Bordalás llegó, apuntaló la estructura, levantó muros sólidos, devolvió al equipo a Primera y hasta le añadió una planta europea desde la que miró de frente al Ajax. Aquella casa no era bonita, pero era firme. Y, sobre todo, habitable.
Cuando el arquitecto se marchó, el edificio empezó a mostrar grietas. Se cambiaron encargados, se retocaron estancias sin criterio y el resultado fue un inmueble inestable que obligó a llamar de nuevo al maestro de obras en 2023. Bordalás regresó con el casco puesto, reforzó vigas, tapó filtraciones y evitó el derrumbe. Otra vez.
Hoy, mientras desde el diario As se asoma el interés del Crystal Palace, el Coliseum se enfrenta a una pregunta incómoda: ¿qué pasa si el arquitecto se va? Porque Bordalás no es un elemento decorativo, es quien sabe qué muro aguanta y cuál se viene abajo si se toca. Prescindir de él no sería redecorar la casa, sería cambiar los cimientos.
Ángel Torres tiene ante sí una decisión estructural. Apostar por la continuidad del arquitecto que entiende el terreno o arriesgarse a una reforma sin planos claros. En el Getafe saben que las casas se pueden reformar, pero también que cuando se tocan los pilares equivocados, no hay parche que evite el derrumbe. @mundiario


