Pogacar vuelve a hacer historia en Flandes: octavo monumento y mensaje a la eternidad
Hay días que están destinados a ser más que una victoria. Días en los que los campeones no solo ganan, sino que elevan el listón de lo posible. Este domingo, en el Viejo Kwaremont, Tadej Pogacar volvió a sacudir los cimientos del ciclismo moderno con otra exhibición legendaria en el Tour de Flandes. A sus 26 años, el esloveno no solo conquistó su segundo De Ronde, sino que sumó el octavo monumento de su carrera tras dejar atrás —una vez más— a su gran rival Mathieu Van der Poel, en un duelo que ya es parte de la mitología de las clásicas.
La jornada comenzó con tensión y caídas, con Van der Poel y otros favoritos involucrados en una montonera a más de 150 kilómetros de meta. Pero ni los golpes ni el polvo pudieron empañar la batalla que se avecinaba. En cada muro, en cada cota, Pogacar fue apretando los dientes y afilando las piernas. En el segundo paso por el Kwaremont lanzó la primera de sus múltiples ofensivas, arrastrando a los más fuertes —Van Aert, Pedersen, Jorgenson— a una selección natural que solo él sabía cómo resolver.
El espectáculo fue creciendo con cada kilómetro. El Paterberg, el Koppenberg, el Taaienberg… todos se rindieron ante la potencia de un corredor en estado de gracia. Solo Van der Poel fue capaz de resistir su ímpetu, formando con él un binomio colosal que devoraba ciclistas y paisajes flamencos a la vez. En el Kruisberg, Pogacar dio otro hachazo, esta vez para soltar definitivamente a Pedersen. Solo quedaban dos. Y la historia se repetiría.
Y así fue. En el Viejo Kwaremont, aquel teatro de piedra donde ya humilló al neerlandés en 2023, Pogacar se volvió a alzar por encima de todo y de todos. Otro ataque termonuclear, otro golpe seco que dejó a Van der Poel clavado y al resto del mundo sin palabras. Con el viento en contra y el orgullo intacto tras perder en San Remo, Tadej voló hacia la gloria. Nadie puede mirar de tú a tú al mejor ciclista del siglo. Nadie, salvo quizá los fantasmas de los Merckx, Van Looy o Bartali, a quienes ya alcanza en cifras y en leyenda.
Pedersen completó el podio tras batir a Van der Poel al esprint, con Van Aert cuarto e Iván García Cortina firmando un meritorio noveno puesto. Pero en la gran fiesta flamenca solo hubo un protagonista absoluto: un Pogacar imperial, colosal, que ya no corre solo contra rivales, sino contra la eternidad. Y de momento, va ganando. @mundiario


