24 años después, el Oviedo celebra en Primera... y la Real Sociedad paga el precio
El fútbol tiene esas historias que parecen escritas por un guionista caprichoso. El Real Oviedo, tras más de dos décadas fuera de los focos de la élite, se reencontró con la victoria en Primera en una noche que quedará grabada en el Carlos Tartiere. Lo hizo con sufrimiento, con resistencia y con un tanto que huele a redención.
La Real Sociedad dominó el inicio, como un actor que se adueña del escenario sin concretar su papel. Kubo, Oyarzabal y Barrenetxea tuvieron sus oportunidades, pero la pólvora estaba mojada. Y en el fútbol, la falta de contundencia se paga: Hassan aprovechó un error y Dendoncker convirtió la ocasión en un gol histórico.
Tras el descanso, se esperaba una Real capaz de remontar, pero lo que llegó fue una versión desdibujada. Aarón se erigió en muro y los azules resistieron cada embestida sin perder la calma. Incluso Hassan rozó la gloria con un disparo al poste que pudo sentenciar el encuentro. La fe cambió de bando.
Los cambios de Sergio González buscaban aire fresco, pero el equipo donostiarra no encontró ni las piernas ni el alma. Rondón casi sorprende desde medio campo, Karrikaburu reclamó un penalti inexistente y las imprecisiones sellaron una tarde frustrante. En cambio, el Tartiere rugió como si nunca hubiera dejado de estar en Primera.
El triunfo no es solo una estadística más: es un grito de regreso, una caricia a la historia y una advertencia de que el Oviedo ha vuelto para quedarse. La Real, en cambio, deberá reflexionar sobre cómo tanta posesión se convierte en tan poco. Porque el fútbol, al final, se gana con eficacia, no con adornos. @mundiario


