Mourinho eclipsa el protagonismo de Messi en el Balón de Oro con su ausencia en la gala

El señor Mourinho, con su ausencia en la Gala FIFA, sale muy mal parado. Hay hombres que solo son grandes por lo que destruyen.
Mourinho eclipsa el protagonismo de Messi en el Balón de Oro con su ausencia en la gala

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La ausencia de Mourinho en la gala de la FIFA fue sonada. Duy Composer via Compfight

La Gala de la FIFA es la cumbre anual del fútbol y del reconocimiento de sus estrellas por sus pares. Con el Balón de Oro  convertido casi en “Balón de Messi” como fondo, hubo otros protagonistas. Guardiola lo fue por salir de su año sabático neoyorquino para asistir a un evento, en el que sabia que no iba ha ser galardonado. Lo hizo exclusivamente para felicitar al si reconocido como mejor entrenador, Vicente del Bosque, y darle un abrazo. El tercero en discordia también sabia no recibiría el preciado trofeo. José Mourinho. Este optó por  desairar a la FIFA, ser descortés con sus colegas y con los deportistas presentes, varios de ellos de su equipo, el R. Madrid y se excusó falazmente con la preparación de un partido de Copa del Rey, cuando realmente estaba viendo jugar a su hijo.

Mourinho, acreditado como un buen profesional y gozando de un razonable atractivo, se produce como un sujeto enfrentado al mundo, haciendo del mal talante oficio. Comportamiento anecdótico si su proceder grosero no tuviese la dimensión publica que le acompaña. Próxima  al poco laudable palmares del  ex -presidente Aznar que trazó un antes y un después en lo de  mancillar el escenario en el que se mueve. El Sr. Aznar afrento la vida parlamentaria con la crispación por bandera, por las formas o mejor por la falta de ellas. El Sr. Mourinho hace otro tanto en el deporte. Tarascadas y marrullería bien con árbitros, con rivales, con colegas de banquillo, con sus pupilos, con la prensa. Se labró justa fama de contaminar el futbol de forma tal, que Bilardo aparecería como aprendiz. Encendió las pasiones más discutibles en el terreno deportivo y se convirtió en espejo de intolerantes. Despertó sectarismos rancios para dividir extra deportivamente lo que era sana rivalidad. Incluso llegó a poner en riesgo la armonía de la selección nacional, aunque con escaso éxito, pues los alumnos mostraron más bonhomía que el maestro. Hay hombres que solo son grandes por lo que destruyen… Quizás el Real Madrid que con tanto cariño edificó D. Santiago Bernabeu dándole señorío no tenga que reflexionar tristemente sobre ello.

La otra cara de la moneda el seleccionador nacional, Del Bosque. Cabal, modesto, sosegado, discreto, con el mensaje ético en los labios mimando el deporte del balónpie como herramienta útil para contribuir a modelar en valores a la juventud. Un caballero del deporte depositario de un sentido común poco usual que le hizo alcanzar con naturalidad la Copa del Mundo, dos Eurocopas, amen un largo palmarés de galardones iniciados en su etapa de jugador. Intenciones como las del Sr. Mourinho se adivinan con presteza. Las virtudes de personajes ecuánimes como Del Bosque o Guardiola, llevan más tiempo registrarlas por la cicatearía en reconocer la honorabilidad de las personas.

La envidia es una declaración de inferioridad, y el silencio del envidioso está lleno de ruidos. El Sr.Mourinho con su ausencia en la Gala FIFA sale muy mal parado. Presume legítimamente de su paso por Inglaterra. Hubiera debido aprovechar la estancia para gozar de la lectura de Francis Bacon y demorarse en una frase suya, “La envidia es el gusano roedor del mérito y de la gloria”.

También en ese verde tapiz que levanta pasiones, retumba el verso de D. Antonio Machado, poeta herido por el amor a libertad,  “una de las dos Españas (en este caso futbolística) ha de helarte el corazón”.

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