Lisboa sacude el caso Mastantuono: sin castigo, solo perspectiva
El fútbol, como la vida, no se explica solo con números, aunque los de Lisboa pesen como una losa. Cero disparos, sin ocasiones creadas y sustituido antes de la hora ante el Benfica, Franco Mastantuono firmó una actuación gris que invitó al juicio rápido. Pero reducir su proceso a una noche europea sería tan tentador como injusto.
Aquel partido activó fantasmas recientes. Mastantuono recordó a la versión apagada de octubre, cuando la pubalgia lo tuvo durante meses lejos de su mejor nivel. Entonces había una explicación física clara; ahora, sin ese paraguas, la exigencia se multiplica. En el Real Madrid la lupa no perdona y cada error se amplifica.
Conviene no borrar lo ya demostrado. En sus primeras apariciones dejó personalidad, atrevimiento y una valentía poco común para su edad. Encara, insiste y no se esconde. Ese impulso inicial prueba que el talento existe y que el peso del precio no lo paraliza. Lo que aún no tiene es regularidad, esa frontera invisible entre promesa y realidad.
El contexto tampoco ayuda. Rodrygo aprieta, Brahim Díaz ha regresado con fuerza y Álvaro Arbeloa, que apostó por él, ve cómo el margen se estrecha. En un club sin salas de espera, cada partido parece definitivo, aunque no siempre deba serlo.
Lisboa debería ser un aviso, no una condena. Mastantuono necesita continuidad, confianza y el derecho a equivocarse para dejar atrás la montaña rusa. El Madrid no fichó un producto terminado, sino un activo a desarrollar. Aquí la paciencia no es resignación: es inversión. Y las inversiones, cuando se sostienen, suelen dar rédito. @mundiario


