Mientras Jovic golea en Grecia, el Oviedo se complica cada vez más en la permanencia
El póker de Luka Jovic frente al Panathinaikos de Rafa Benítez en la última jornada del fútbol griego no fue únicamente una demostración de talento individual: se convirtió en un espejo incómodo para el Real Oviedo. El delantero serbio atraviesa uno de los momentos más brillantes de su carrera y confirma que, cuando el talento se protege y se respalda, termina imponiéndose. En el fútbol, los goles siempre vuelven, como cuentas pendientes que tarde o temprano se saldan.
En el Carlos Tartiere se apostó por lo barato y por eso llegó Salomón Rondón como solución de urgencia, con el aval de la experiencia pero sin el impacto que exige la Primera División. Su rendimiento nunca fue decisivo, y ese matiz es el que separa la permanencia del sufrimiento constante: la diferencia entre competir y sobrevivir.
Jovic, mientras tanto, ha encontrado en Grecia el contexto ideal para reconstruirse. Tras un paso irregular por el Real Madrid, muchos le dieron por amortizado, pero su trabajoactual recuerda al delantero feroz del Eintracht. Con confianza, minutos y protagonismo, el serbio vuelve a ser un futbolista que decide partidos por sí solo.
El Oviedo sigue pagando la falta de ambición en los despachos. La lucha por la permanencia no se gana con parches ni con nombres de perfil bajo, sino con jugadores capaces de marcar diferencias inmediatas. Apostar por un delantero de jerarquía siempre conlleva riesgo, pero no hacerlo suele salir aún más caro.
La salvación sigue siendo posible, incluso después de la derrota 3-0 ante el Barça en el Camp Nou, pero exige valentía y autocrítica. El ejemplo de Jovic es claro: el talento no es un lujo, es una necesidad. Si el Oviedo quiere sostenerse en la élite, debe dejar de conformarse con medianías y apostar por futbolistas capaces de cambiar destinos y escribir finales distintos. @mundiario


