¿Escándalo en el VAR? La imagen sospechosa que desata la frustración del Atleti

La polémica no es solo la puntera: es el frame elegido, que siembra dudas sobre la jugada.
Imagen del VAR. /   @rfef
Imagen del VAR. / @rfef

El Atlético perdió contra el Betis por 0-1 y, como tantas veces en esta temporada de curvas, el partido no terminó cuando el árbitro pitó el final. Terminó después, en la repetición, en el zoom y en esa religión moderna llamada VAR que a veces pretende ser exacta y acaba pareciendo caprichosa. El Metropolitano se quedó con un espejismo en el minuto 74: un gol en propia meta de Diego Llorente que habría cambiado la historia… y que fue anulado por fuera de juego de Griezmann.

La jugada, en lo esencial, admite pocas dudas en su lectura futbolística. Giuliano centró desde la derecha, Llorente saltó con Griezmann y el VAR entendió que el francés influía en la acción. Busquets Ferrer fue al monitor y terminó validando la interpretación: fuera de juego, gol anulado. El detalle, como casi siempre, es que la decisión no se discute por el concepto, sino por la precisión. Y ahí aparece el veneno: la puntera de una bota.

Según mostró el VAR, Griezmann estaba adelantado por milímetros, apenas por la puntera de la bota izquierda. Ese tipo de fuera de juego que no se ve en directo, que no se intuye en el estadio y que convierte el fútbol en una disección. Hasta ahí, el Atlético puede enfadarse, pero al menos entiende el veredicto: se mide, se traza y se dicta. El problema es que esta vez la indignación no nace del milímetro, sino del fotograma.

Porque la polémica real llegó por el frame elegido en la sala VOR para dictaminar la posición. En la imagen utilizada, el balón aparece en el aire, mientras que en el momento en el que Giuliano centra, el balón está a ras de suelo. Esa diferencia no prueba automáticamente que el fuera de juego no exista, pero sí abre una grieta peligrosa: si el frame no es el correcto, el trazo tampoco lo es. Y si el trazo no lo es, la sentencia pierde la autoridad con la que el VAR pretende imponerse.

Ahí está el gran drama del Atlético y, por extensión, del fútbol moderno: no es solo perder, es sentir que se pierde por una verdad tecnológica que no siempre parece verdad. El fuera de juego semiautomático nació para reducir el margen de error, pero cuando la imagen elegida genera dudas, lo que se rompe no es una jugada: es la confianza. Y sin confianza, el VAR deja de ser justicia y se convierte en sospecha.

El Atlético, que ya venía golpeado y viviendo entre la ansiedad del calendario y la fragilidad de su propio juego, se queda con otro episodio para la colección de frustraciones. Una derrota, un gol que existió durante segundos, una puntera que decide y un frame que no convence. Y quizá lo más cruel es eso: que el equipo no solo se va sin puntos, sino también sin paz. Porque cuando el fútbol se decide en un fotograma discutible, el partido nunca termina del todo. @mundiario

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