Hansi Flick hace campaña desde el banquillo y Laporta capitaliza el momento

El presidente azulgrana legitima su apuesta por el entrenador alemán con resultados y discurso.
Hansi Flick, entrenador del Barça. /  @fcbarcelona
Hansi Flick, entrenador del Barça. / @fcbarcelona

Joan Laporta comparece ante el socio abrazado a Hansi Flick con naturalidad y cálculo político. Fue su apuesta personal, de alto riesgo, por un técnico que jamás había pisado el fútbol español, como ya hiciera hace casi dos décadas con Guardiola. El alemán no ha revelado públicamente su voto en los comicios, pero al presidente no le hace falta: Flick le ha hecho la campaña desde el banquillo, a golpe de resultados y convicción futbolística.

En las cuestiones de campo, a Laporta se le reconoce olfato… y también suerte. Sus dos mandatos han coincidido con las dos mejores camadas históricas de La Masia, un factor que ha marcado el rumbo deportivo del club. Incluso los números rojos han jugado a su favor: cuando no hay dinero para mirar fuera, la cantera deja de ser discurso y se convierte en necesidad, y ahí el Barça siempre encuentra oxígeno.

Laporta levita sobre los resultados, las obras del Camp Nou y un discurso exaltado de consumo interno, más aún desde que ha roto definitivamente con el Real Madrid. El Caso Negreira le acorrala en los juzgados, pero no ante su hinchada, que compra la teoría de la nula influencia arbitral y la conspiración exterior para desacreditar los éxitos del club. La defensa jurídica se mezcla con la épica identitaria.

Enfrente, Víctor Font intenta bajar al socio a la tierra. Advierte de que el pan de hoy puede ser hambre de mañana y vuelve a agitar el comodín de Messi, el gran punto débil de la segunda era Laporta. “Es el Barça o él”, repite el candidato, en un mensaje que busca impacto, aunque peca de exageración en un club que ha demostrado ser más resistente que el grafeno.

Con Flick como aval deportivo y La Masia como escudo moral, Laporta afronta el pulso con confianza. El presidente sabe que el socio vota emociones tanto como balances, y hoy el relato le pertenece. El futuro dirá si la apuesta fue visión o temeridad, pero, de momento, el abrazo con Flick simboliza algo más profundo: el poder de ganar tiempo a base de fútbol. @mundiario

Comentarios