Antonio Hidalgo frente al primer gran dilema como entrenador del Dépor

El nuevo DT y el director deportivo deben tomar decisiones clave sobre uno de los mayores problemas que afectó al equipo en la temporada pasada.
Antonio Hidalgo, entrenador del Deportivo de La Coruña. /   www.rcdeportivo.es
Antonio Hidalgo, entrenador del Deportivo de La Coruña. / www.rcdeportivo.es

El Deportivo arrastra un problema evidente, o al menos así quedó reflejado a lo largo de la temporada 2024-25. Bajo la dirección de Imanol Idiakez, primero, y más tarde de Óscar Gilsanz, el equipo generó un aluvión de ocasiones en casi cada partido. Sin embargo, sus atacantes mostraron serias dificultades para transformar ese caudal ofensivo en goles.

No, no importó contar con Yeremay, una fuente casi inagotable de desequilibrio y creatividad en el último tercio, porque al final el equipo se situó en el puesto 12 del ranking de conjuntos más goleadores de LaLiga Hypermotion, empatado con el Real Oviedo.

Ante esta situación, el club —en la figura del entrenador del primer equipo, Antonio Hidalgo, y de Fernando Soriano— debe ponerse manos a la obra para evitar que esta dinámica se repita. El nuevo proyecto tiene la obligación de nacer y consolidarse sobre una base sólida, en la que el técnico catalán será una figura capital para alcanzar los objetivos.

Justamente, el propio estratega debe tomar decisiones valientes, comenzando por la estructura de la plantilla. El foco está en una delantera saturada que, en líneas generales, no cumplió con sus deberes. Seis atacantes son demasiados, y más aún cuando ninguno de ellos tuvo un rendimiento sobresaliente.

¿Alguno merece seguir?

La urgencia de un goleador fiable es evidente. Con el material actual, el equipo no obtiene los números de un delantero capaz de convertirse en referente. En primer lugar, están los tres cedidos —Davo, Alcaina y Martín Ochoa—, quienes no han convencido ni a la distancia; al menos así lo reflejan sus respectivos números. El rendimiento ha sido, en el mejor de los casos, testimonial, ya que les falta calidad y regularidad para asumir responsabilidades en Segunda.

Después están los casos de Iván Barbero y Mohamed Bouldini. El español firmó una temporada más sólida: 7 goles en 37 partidos, mientras que el marroquí apenas anotó un gol en 22 encuentros. En clave deportiva, el almeriense debería continuar, los números así lo certifican. En clave contable, quizá lo haga el africano; no obstante, mantener a ambos no parece recomendable: les falta gol y sus perfiles son demasiado similares. 

Por último, está Zakaria Eddahchouri. Llegó durante el mercado invernal y, sin hacer ruido, demostró oficio, entrega y cierta capacidad para resolver. No es un matador de área, pero sus números no son malos: 4 goles en 16 partidos. Su perfil podría encajar en los planes de Antonio Hidalgo, un técnico que suele sacar petróleo de pozos insospechados. Sin embargo, si su salida fuera necesaria para abrir espacio a un atacante de campanillas, Fernando Soriano debería venderlo de forma inmediata.

El Dépor necesita un delantero fiable y solo puede quedarse con dos. La elección no es solo numérica, también simbólica: señala el cambio de rumbo de un club que ya no puede vivir de promesas, sino de certezas. Hidalgo debe tomar decisiones drásticas y rodear a Yeremay del talento ofensivo que merece. Lo demás, es seguir perdiendo el tiempo. @mundiario

Comentarios