La dura realidad del Dépor: cómo perder la ilusión en siete días
El Deportivo ha pasado de la euforia a la decepción en solo una semana, mostrando dos caras opuestas que generan dudas sobre su verdadera identidad. Si ante el Almería desplegó un fútbol convincente y ambicioso, en Elda se vio un equipo sin mordiente, sin ideas y, sobre todo, sin la ambición necesaria para imponer su calidad ante un rival en zona de descenso. La falta de alternativas y la pasividad en los momentos clave dejaron una sensación preocupante.
Óscar Gilsanz apostó por repetir el once que brilló en Riazor, confiando en que la inercia positiva bastaría para superar a un Eldense ordenado pero limitado. Sin embargo, el fútbol rara vez premia la inacción. La escasa fluidez en la circulación del balón y la dificultad para generar espacios convirtieron la posesión en un mero ejercicio de paciencia, sin la verticalidad ni el atrevimiento que exige la categoría. El Dépor cayó en la trampa de un Oltra que entendió mejor el partido y supo anular los puntos fuertes del equipo gallego.
El problema no fue solo táctico, sino de actitud. Hubo momentos en los que el Deportivo pareció conformarse con un empate, jugando con una parsimonia inexplicable, como si el reloj jugara a su favor. El equipo necesitaba mayor dinamismo, más desborde por bandas y un plan ofensivo menos predecible. Yeremay y Obrador fueron los únicos que intentaron algo distinto, pero sin apoyos ni cambios de ritmo, sus esfuerzos quedaron en intentos aislados.
El primer gol del Eldense, tras un error defensivo, fue el golpe definitivo para un Dépor sin reacción. En lugar de despertar al equipo, la desventaja solo reforzó la sensación de impotencia, con jugadores que parecían más preocupados por evitar otro gol que por buscar el empate. La falta de variantes en el planteamiento y la ausencia de un plan B hicieron que el partido se deslizara sin remedio hacia una derrota que se podía haber evitado con más determinación.
Esta derrota no es solo un tropiezo, es una llamada de atención. El Deportivo no puede permitirse ser un equipo de altibajos, capaz de brillar un día y apagarse al siguiente. Si el objetivo es la permanencia, el margen de error es mínimo; si se aspira a más, la actitud y el planteamiento deben estar a la altura en cada partido. Lo ocurrido en Elda debe servir de lección: en esta liga, el talento por sí solo no basta, hace falta hambre.@mundiario


