El Deportivo salva un punto, pero aún busca su mejor versión: necesita un goleador
En el fútbol, como en la vida, hay partidos que enseñan tanto o más que los triunfos. El Deportivo, en su empate 1-1 frente al Sporting de Gijón, dejó sensaciones encontradas. Si bien logró rescatar un punto en los minutos finales, el equipo sigue mostrando carencias preocupantes en momentos clave del juego.
Riazor, que aspira a ser un fortín, vivió un partido cargado de intensidad y dudas. El Sporting, un rival rocoso y bien trabajado, se plantó con personalidad y manejó los tiempos del partido, especialmente en una segunda mitad que se disputó mayoritariamente en campo del Dépor. Los coruñeses, que venían de una dura derrota en Almería, mostraron desde el inicio dificultades para proponer fútbol y llegar con claridad al área rival.
El partido comenzó con un Sporting dominante, explotando las debilidades defensivas del Dépor y lanzando repetidos avisos en los primeros minutos. Sin embargo, la zaga coruñesa, liderada por un sólido Pablo Martínez, resistió las embestidas iniciales. La reacción blanquiazul llegó con cuentagotas: alguna carrera de Mella y un cabezazo de Pablo Martínez dejaron tímidos destellos en un primer tiempo más táctico que emocionante.
El equipo coruñés, que en teoría aspira a salir de la zona baja de la tabla, sigue echando en falta regularidad y mayor aportación de sus jugadores clave. Mario Soriano, aunque mostró entrega y calidad, no terminó de conectar con el juego ofensivo; Lucas Pérez, lejos de su mejor versión, brilló a ratos; y Barbero, aislado y sin fortuna, continúa sin ser la referencia que necesita el ataque del equipo. La plantilla confeccionada por Fernando Soriano deja mucho que desear, pero él sigue en su puesto. De momento.
Hace falta un nueve goleador
En el segundo acto, el Sporting volvió a imponer su ley. La iniciativa fue de los visitantes, que encontraron en un inspirado Nacho Méndez la llave para abrir el marcador con un disparo ajustado al poste. El gol congeló Riazor y expuso la dificultad del Dépor para generar peligro real en ataque.
Pero si algo caracteriza a este Deportivo es su capacidad de lucha. Cuando parecía que el partido se escapaba, un chispazo de Lucas Pérez, que picó un pase milimétrico a Mella, devolvió la vida al equipo. El joven canterano, con temple y calidad, definió ante Yáñez para firmar el empate. Fue un gol que premió la insistencia del equipo y mantuvo la esperanza en una afición que sabe que el camino de esta Segunda División será largo.
El empate final deja un sabor agridulce. Por un lado, el Deportivo mostró resiliencia y evitó una derrota que habría sido un golpe duro en la lucha por la permanencia. Por otro, sigue sin convencer en cuanto a juego colectivo y efectividad en las áreas.
Riazor debe ser un bastión, pero el Dépor aún no encuentra la fórmula para dominar partidos ante rivales exigentes. La falta de profundidad, la desconexión en fases del juego y la irregularidad de algunos jugadores clave –entre ellos Villares– son aspectos que Gilsanz y su equipo deberán corregir si quieren alejarse de las plazas de descenso.
El punto frente al Sporting puede interpretarse como un paso adelante o como una oportunidad perdida. Lo que está claro es que el Deportivo tiene mucho por mejorar si aspira a cumplir con las expectativas de su historia y su afición. La temporada sigue siendo un camino incierto, pero mientras haya lucha, habrá esperanza. Por eso mismo el Dépor ya mira a enero. Sin un delantero centro goleador, Gilsanz tendrá muy complicado llevar a su equipo a los puestos que dan acceso al ascenso. @mundiario

