El Deportivo se reivindica ante su afición e Hidalgo da la crisis por superada
A veces, el fútbol es una cuestión de eficacia más que de belleza. El Deportivo de La Coruña lo demostró ante la Cultural Leonesa en Riazor, en un partido plano y sin demasiada emoción, pero que acabó con un resultado rotundo: 3-0. Tres goles que valen mucho más que el juego desplegado, porque devuelven a los coruñeses a la zona de ascenso directo –al menos este sábado– y, sobre todo, al estado de ánimo que parecía haberse extraviado en el bache de hace un mes.
El encuentro del Abanca Riazor, ante más de 25.000 espectadores, tuvo dos caras. La primera, un espejismo: un Dépor adormecido, sin ritmo ni ambición, que aprovechó los errores del rival para colocarse con un 2-0 casi inmerecido. La segunda, la de un equipo que supo contemporizar, controlar los nervios y aprovechar su pegada. En una categoría tan igualada como esta, eso vale oro.
Zakaria Eddahchouri fue el protagonista indiscutible. Su doblete y la asistencia a Soriano bastaron para desmontar a una Cultural que jugó más, pero entendió tarde que en Riazor no basta con intentarlo. El neerlandés, que había perdido el brillo inicial del curso, volvió a su versión más determinante: oportunista, inteligente y con instinto de killer.
También Soriano dejó su sello con un gol de calidad en el segundo tanto. Yeremay, pese a no marcar, aportó destellos de talento que recuerdan que en sus botas hay un futbolista diferente. Y, aunque el público reclamó más fútbol que efectividad, Riazor acabó haciendo la ola. Tal vez no por el espectáculo, sino por el alivio.
El Dépor goleó en un partido discreto pero eficaz, impulsado por el doblete de Zakaria y el acierto puntual de Soriano. Quagliata y Loureiro también destacaron
Antonio Hidalgo, consciente de las limitaciones de su equipo, reconoció la irregularidad del primer tiempo y se aferró a la solidez de la segunda parte como síntoma de recuperación. “El bache está finiquitado”, afirmó. Y puede que tenga razón: este Dépor no deslumbra, pero vuelve a ganar, y eso en Segunda es casi todo. Su equipo se reivindicó ante su afición y goleó en un partido discreto pero eficaz, impulsado por el doblete de Zakaria y el acierto puntual de Soriano. También destacaron Quagliata y Loureiro.
El mérito, más allá del marcador, está en la respuesta anímica. El equipo ha pasado de la ansiedad a la calma, de la duda a la convicción. Y aunque el juego todavía no convence, los resultados comienzan a hacerlo. En un campeonato largo y áspero, la estética es secundaria cuando los puntos suman y el vestuario se reencuentra con la confianza.
La Cultural, pese a su buen momento, se marchó de Riazor con la sensación de haber competido mejor de lo que refleja el marcador. Sus errores defensivos fueron su condena. En cambio, el Deportivo supo hacer virtud de su pragmatismo. Ganó sin deslumbrar, pero dejó claro que ha aprendido a sufrir menos y aprovechar más. Eso sí, Hidalgo persevera en dejar al Dépor con 10 cuando le da entrada a Cristian Herrera.
En el fútbol moderno, los equipos que ascienden no siempre son los más brillantes, sino los más constantes. Este Deportivo, irregular pero resolutivo, empieza a parecerse al candidato que su afición espera. Quizá no enamora, pero vuelve a ilusionar. Y en Riazor, esa es ya una victoria mayor que el propio marcador. @mundiario