El Deportivo ante el límite del ascenso directo: cuánto puede perder en Segunda sin quedarse atrás

Con 16 jornadas por delante, el equipo coruñés ya ha alcanzado una cifra de derrotas que históricamente obliga a la excelencia si se quiere subir sin pasar por el playoff.
Ilustración de Massimo Benassi, Fernando Soriano y Antonio Hidalgo. / Mundiario
Ilustración de Massimo Benassi, Fernando Soriano y Antonio Hidalgo. / Mundiario

La jornada 26 de LaLiga Hypermotion dejó algo más que resultados. El empate entre el Mirandés y Las Palmas (1-1), la derrota del Racing de Santander ante el Eibar (2-1) o el tropiezo del Deportivo en Castellón (2-0) dibujaron un paisaje apretado y volátil. Restan 16 partidos, pero el margen emocional empieza a estrecharse.

El equipo de Antonio Hidalgo terminará la jornada cuarto o, en el peor de los casos, quinto si el Málaga vence en San Sebastián. Es decir, en zona de playoff. El problema no es la posición, sino el contexto: apenas tres puntos separan al cuarto del noveno. Un atasco en el que cada error pesa el doble.

El dato más inquietante no es la derrota en Castalia, sino la tendencia. El Deportivo que lidera Yeremay ha sumado cinco de 24 puntos ante rivales directos y está a cero de 12 frente al Racing y al Castellón, los dos primeros clasificados. Ese es el llamado techo de cristal: competir con solvencia en lo ordinario y fallar en lo decisivo.

Cinco de 24 puntos ante rivales directos: el Dépor no ha respondido frente a quienes marcan la frontera del ascenso

En el discurso público se repite que la liga es larga. Lo es. Pero no infinita. La historia reciente de la Segunda División invita a la prudencia con las derrotas. En las diez últimas temporadas completas, el máximo de partidos perdidos por uno de los dos equipos que ascendieron directamente fue 14, un registro excepcional firmado por el Huesca en 2019-20, que había ganado 21. La norma, sin embargo, es otra.

Infografía sobre las derrotas que admite el ascenso directo a Primera. / Mundiario
Infografía sobre las derrotas que admite el ascenso directo a Primera. / Mundiario

El promedio del “máximo de derrotas” entre los dos ascendidos ronda las 10 por temporada, con una mediana de 9. En varias campañas, el listón fue mucho más exigente: siete derrotas bastaron en 2018-19 para que Osasuna y Granada subieran directamente. Ocho o nueve derrotas han sido, con frecuencia, la frontera de seguridad.

En la última década, la media de derrotas del ascenso directo ronda las 10; siete a estas alturas no son una condena, pero sí una advertencia

El Deportivo ya acumula siete. No es una cifra inasumible, pero sí un aviso estadístico: a partir de aquí, cada tropiezo reduce el margen para el error. Ascender directamente suele exigir una segunda vuelta de fiabilidad alta, especialmente en los duelos entre aspirantes.

También es cierto que no todas las temporadas son iguales. Hay años en que la cabeza se dispara y otros en los que el ascenso se abarata por la irregularidad colectiva. Con un pelotón comprimido y candidatos que también tropiezan, cabe la posibilidad de que el corte final no sea tan exigente. Pero confiar en el bajo nivel ajeno equivale a ceder el control del propio destino.

El Deportivo tiene argumentos futbolísticos y plantilla para sostener la ambición, al menos si se mira para otro lado cuando vemos el nueve. Lo que necesita es trasladar esa consistencia a los partidos que marcan jerarquía. Porque el ascenso directo no suele premiar la resistencia pasiva, sino la autoridad competitiva.

Quedan 16 jornadas. Es tiempo suficiente para corregir la tendencia, pero no para ignorarla. En Segunda, perder siete veces en febrero no es una sentencia. Es, simplemente, el punto a partir del cual ya no conviene perder casi ninguna más. Massimo Benassi, director general; Fernando Soriano, director deportivo, y Antonio Hidalgo, entrenador, se supone que ya lo saben, de ahí que esté fuera de lugar que se insista tanto en que falta mucho, porque no es verdad. @mundiario

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