El Deportivo gana sin brillo en León y confirma que el ascenso también se pelea en los detalles

Un penalti transformado por Yeremay en el descuento permite al equipo coruñés sobrevivir a un partido espeso y dormir en puestos de ascenso directo. Antonio Hidalgo debería hacérselo ver: su equipo no juega bien.
Yeremay. / RCD
Yeremay. / RCD

Hay partidos que no explican una temporada, pero sí la definen. El triunfo del Deportivo de La Coruña en León (0-1) pertenece a esa categoría: un encuentro gris, trabado, con más desorden que inspiración, que acaba decidiéndose en una jugada aislada cuando el reloj ya marcaba el límite. No hubo exhibición ni sensación de superioridad sostenida, pero sí tres puntos que pesan mucho más de lo que sugiere el desarrollo del juego. Antonio Hidalgo debería hacérselo ver: su equipo no juega bien. De paso, podría preguntarse qué hace Mella en el banquillo. 

La Cultural Leonesa salió con la urgencia de quien sabe que cada jornada es una pequeña final. Presionó alto, robó pronto y encontró una grieta en los primeros minutos que estuvo a punto de cambiar el guion: un disparo al palo de Iván Calero tras un desajuste defensivo del Dépor. Fue un aviso serio y también el mejor resumen del arranque visitante, frío, impreciso y desordenado.

Ese impulso inicial de los locales se fue diluyendo sin que el Deportivo lograse imponer una idea clara. El partido entró en una fase confusa, con posesiones largas pero poco dañinas por parte de los coruñeses y una Cultural cómoda en la contención, sin asumir riesgos innecesarios. El descanso llegó sin goles y sin la sensación de que nadie tuviera el control real del encuentro.

Un error puntual decide un duelo sin fútbol continuo ni dominio claro. La victoria refuerza al Dépor en lo anímico más que en lo futbolístico

Tras la reanudación, el Dépor empezó a inclinar el campo, más por insistencia que por claridad. Apareció algo más de calidad individual, se notó un mejor tono físico y llegaron las ocasiones, aunque casi siempre a trompicones. Dos balones al larguero y varias acciones mal resueltas mantuvieron vivo a un rival que, con el paso de los minutos, fue reculando y fiándolo todo a resistir.

Mella, clave

La entrada de David Mella dio algo distinto, velocidad y desequilibrio, pero el partido seguía pidiendo un final abrupto, no una jugada elaborada. Y así fue. En el minuto 91, un pase largo encontró al extremo en carrera, Edgar Badía llegó tarde y el árbitro señaló un penalti que concentró toda la tensión de la noche. Yeremay asumió la responsabilidad con una calma llamativa: lanzamiento alto, preciso, inapelable.

El valor del gol no está solo en el marcador. El Deportivo llevaba semanas dejando escapar sensaciones y puntos, y necesitaba una victoria así, incluso sin juego, para aliviar la presión y recuperar confianza. No fue un triunfo brillante ni redentor, pero sí uno de esos que sostienen a los equipos que aspiran a algo más.

Para la Cultural, la derrota es un golpe duro por cómo llegó, cuando el empate parecía asegurado. Para el Dépor, en cambio, es una confirmación incómoda pero realista: el ascenso no siempre se construye desde el dominio, a veces se decide en un error ajeno, en una carrera final, en la serenidad de un joven que no tiembla cuando todo lo demás se ha atascado. En León, el fútbol volvió a recordar que los detalles también suben a la clasificación. @mundiario

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